PRIMER
ENCUENTRO MUNDIAL DE MISION RAMA 8-8-88
(1ª Semana de agosto, año 1988.- Informe de la Salida
a Santo Domingo de los Olleros, kilómetro 63 al sur de Lima.-Punto
de Encuentro para la realización de las experiencias comunitarias:
desierto de Chilca)
Este es un informe realizado por las
hermanas de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, Susana y Marynés
Payno, sobre las experiencias vividas las primera semana de agosto en
el Primer Encuentro Mundial de Misión Rama, en Lima, Perú,
a la que asistieron alrededor de 500 personas. El informe abarca un pequeño
resumen general de todas las experiencias vividas, los intercambios de
experiencias, pero principalmente la narración de lo que fue la
experiencia física de contacto entre 8 hermanos de diferentes países
y la presencia física de las naves confederadas durante nuestra
estancia en el desierto de Chilca.
A través de nuestra narración iremos haciendo más
claro esto, el propósito no es solamente transmitir la experiencia
de contacto con las naves de la Confederación, sino mas bien transmitir
la riqueza espiritual que todo aquello significó para nosotros;
el gran cúmulo de experiencias que hemos vivido y la gran importancia
de formar entre todos una comunidad mental y de amor fraternal entre todos
los que amamos la Misión para que nuestra obra sea solo el comienzo
de un mañana mejor, la unión de fuerzas para una meta común
como lo es la Misión Rama. También de esta manera trataremos
de llegar a todos aquellos que no pudieron asistir a este primer encuentro
mundial porque sabemos que en nuestro encuentro hay algo más que
una presencia física, y esa presencia es un lazo que nos une a
todos en un propósito bello, verdaderamente válido, así
que aunque no todos hubieran podido estar, participar físicamente
en el encuentro, sabemos que lo más importante es esa contribución
callada en la Misión; es ese aporte de silencios pero de trabajo
fuerte, de lucha, de esfuerzos y de esperanza.
Quisiéramos decirles mucho más pero sabemos que nuestro
mensaje se traduce en tres palabras: voluntad, amor y mucha perseverancia.
Tal vez, añadiríamos una palabra más, la constancia,
que como la perseverancia empuja hacia adelante; no desfallecer es lo
importante, aportar con nuestro pequeño granito de arena para que
la montaña se vaya formando de a poco y a la vez expandiéndose
más.Y con este mensaje de saludo volvemos a Lima con nuestro relato
y llegamos hasta la Avenida Brasil, Jirón Junín, allí
donde todos nos encontrábamos a medida que íbamos llegando.
El día Jueves 4 de agosto, Sixto hizo la inauguración oficial
del Encuentro, compartimos con todos los hermanos la emoción de
sentir un compromiso de vida, de entrega, de servicio y de hermandad.
El día Viernes, salimos rumbo a Santo Domingo de los Olleros, todos
nos movilizamos en ómnibus y en diferentes movilidades. En un punto
determinado, tuvimos que dejar las movilidades y entrar caminando con
nuestras mochilas, nos encontrábamos ya en el desierto de Chilca
y tanto el camino como el paisaje se extendía ante nosotros. Algo
mágico y mítico penetraba en nuestro interior, la fuerza
de una energía pura que se podía percibir claramente en
el ambiente. Una vez que llegamos al campamento, casi todos estábamos
un poco cansados físicamente, pero nuestro entusiasmo no disminuía
sino que al contrario, parecía que iba en aumento. La alegría
de conocer nuevas personas, y sentirnos más compenetrados a medida
que nos íbamos conociendo mejor, hacia que olvidáramos el
cansancio físico. Era tan maravilloso ver a toda aquella gente
reunida, comprendíamos con mayor claridad que la Misión
es el mundo real de la vida, que hay personas que al igual que nosotros
trabajan en otros países por ella y con ella, que nada es en vano,
que los frutos empiezan a darse, y que es una felicidad sin igual tener
esa igualdad de fuerzas, comprobar que estamos en lo mismo, que comparando
nuestras experiencias, entre uno y otro país, al final, nuestras
vivencias son semejantes, se repiten las mismas cosas, las mismas relaciones
humanas acontecen, variando a lo mejor con uno u otro matiz: la Misión
nace, crece y se extiende formando las experiencias individuales y grupales,
y no es menos ni más en ninguna parte, es siempre la misma, es
la vida, es la realización interna, personal y grupal, es una fuerza
que nunca se acaba, no somos ni uno ni dos, la Misión somos todos
y eso es principalmente lo que nos llegó a todos.
Tuvimos la suerte de conocer a muchas personas muy lindas interiormente
porque todos eran así, todos estaban empujando, queriendo lo mismo,
mejorarse a si mismos y mejorar consecuentemente el mundo. Familias enteras
asistieron, algunas incluso llevaron a sus niños, en el caso particular
de Honduras, la familia Zepeda llevó a sus tres hijos al Encuentro,
uno, incluso, el más pequeño, en brazos todavía,
apenas de meses. Otro es el caso de la familia Vizcaíno de República
Dominicana, también asistieron con su niña, una niña
muy dulce, con la preparación implícita de conciencia que
ya se va despertando por obra de sus padres. Había muchos niños,
llegaron a ser como 24, estaba también la familia de Sixto, sus
dos niñas, Yarim y Tanis, su esposa Marinita y otros matrimonios
más que viajaron para asistir al encuentro.
Había representantes de muchos países, incluso una presencia
muy querida por todos, la del hermano representante de la "Fraternidad
Cósmica Adonai de España", Licerio Moreno, quien, con
mucho amor y cariño aportó sus conocimientos y enriqueció
también nuestras experiencias. España estuvo con él
y también a través de otros hermanos más, pero seria
alargarnos demasiado si los nombráramos a todos, simplemente queremos
decir con esto que cada vez somos más y que debemos darnos fuerzas
unos a otros, apoyándonos no solamente con los hermanos mayores
sino entre todos los que estamos haciendo fuerza aquí en la Tierra.
Armar los campamentos, compartir los alimentos nos resultó bello,
aunque prácticamente permanecimos en ayunas los días que
estuvimos allí en Chilca. El desierto es impresionante y muy frío
de noche, un agua de manzanas nos hacía sentirnos reconfortados
y sobre todo siempre estaba calentita y eso aminoraba el frío que
podíamos sentir. Hicimos trabajos de grupo, meditaciones, charlas,
en fin, experiencias de grupo y el sábado a la noche, alrededor
de las 22.00 horas, ya todos estábamos agotados, rendidos, bastante
cansados. Y qué nos íbamos a imaginar mi hermana y yo que
esa noche, la noche del sábado íbamos a ser protagonistas
junto a seis hermanos más de otros países de una bellísima,
maravillosa e inolvidable experiencia de contacto. Qué nos
íbamos a imaginar que íbamos a presenciar un encuentro más
cercano con ellos y que íbamos a ser testigos físicos de
lo que enseguida les vamos a narrar:
Marynés y yo nos disponíamos a entrar a nuestra carpa la
noche del sábado. Serían alrededor de las 10.45 horas de
la noche, el cansancio era extremo. Nos disponíamos a acostarnos
cuando llegó Juan Angel, un hermano de Tucumán, él
llegó hasta nuestra carpa a invitarnos a meditar a esa hora. Realmente
estaba convencido de que algo se iba a dar, no sé cómo en
pocos minutos fueron llegando hasta nosotros Carlitos Hennick y Miguel
Romaníz del Uruguay, a la vez estaban con nosotros Alejandro Cubillas
del Perú y dos hermanos más, Hermes y Liliana del Perú.
En realidad creo que si todos albergábamos secretamente la esperanza
de un acercamiento mayor con los Hermanos Mayores, mas era nuestra necesidad
de meditar y aprovechar al máximo las energías del lugar,
ya que al otro día, domingo, partíamos de vuelta para Lima
y considerábamos que no todos los días se va a Chilca y
que ese era un lugar muy especial, sobre todo teniendo en cuenta que fue
allí mismo donde Sixto ha vivido sus mayores experiencias con los
guías.
Volviendo al relato, los 8 que habíamos decidido reponernos al
cansancio y retirarnos a meditar en el silencio de la noche, emprendimos
la marcha,. fuimos dejando un poco el campamento y empezamos a subir una
colina que se encontraba un tanto alejada del mismo. Alejandro Cubillas
conocía más el terreno que nosotros y él nos fue
guiando a todos, nos acompañamos de una linterna. En ese momento
el frío era más intenso y debimos abrigarnos bien. Mientras
tanto, en el campamento, las últimas linternas se iban apagando,
y la noche fue quedando en silencio, sin voces, solamente las del silencio.
En el campamento o un poco alejado de él, Sixto se encontraba en
este momento también meditando con los hermanos de Chile que habían
venido al encuentro en grupo muy numeroso. Nosotros supimos al otro día
que ellos también se hablan retirado a descansar, sin embargo,
durante las experiencias que en unos momentos más les vamos a narrar,
durante todo ese tiempo, nosotros creíamos que Sixto y los hermanos
de Chile habían presenciado lo mismo que nosotros y que cuando
se apagaron las linternas en el campamento, era porque Sixto les había
dicho que las apaguen para poder presenciar mejor las experiencias, pero
como les dijimos antes, no había sucedido así, ellos también
se habían ido a descansar.
Alejandro nos llevó a una colina, y para sorpresa nuestra, ese
mismo había sido el sitio donde los guías contactaron a
Sixto. El trabajo comenzó y empezamos nuestra meditación,
luego Miguel Romaniz del Uruguay comenzó a narrar sus experiencias
vividas en el Uruguay con la Misión, cómo se inició
en ella, y no terminó de explicar que empezamos a ver como fogonazos
a la distancia detrás de las colinas. Primero pensamos que podía
tratarse de relámpagos sobre todo los que no conocíamos
el clima de Lima no queríamos dar un juicio sin antes asegurarnos
bien, pero ante nuestra sorpresa ¡otro fogonazo! y ¡otro más?...finalmente,
este último fue el mas largo y se quedó como estático,
entonces fue que nos dimos cuenta que no se trataba de relámpagos,
y creo que todos nos estremecimos de emoción. Empezamos a percibir
un silencio diferente. Empezamos a darnos cuenta de que esa refulgencia
que no se iba era procedente de las naves de los guías, que ellos
estaban con nosotros en ese mismo lugar. Empezamos a entender que estábamos
a punto de percibir una de nuestras más maravillosas experiencias
de contacto y fue así en el borde de una colina cercana se formó
una luz intensamente amarilla nosotros simplemente respirábamos
en silencio y ante nuestros ojos vimos aparecer dos caneplas encendidas,
se deslizaban en movimientos suaves hacia arriba, hacia abajo y hacia
los costados como en vaivén. No transcurrió mucho tiempo
que vimos aparecer una luz mucho mayor, mucho mas grande, que empezó
a aparecer también detrás de la colina esta era de color
blanco brillante e iba acompañada de una luz mucho más pequeña
en uno de los costados de abajo, era como si todo el tiempo permaneciera
pegada a ella. Una canepla más apareció y era todo un espectáculo
de luces el que estábamos viendo, varios coincidimos en recordar
en esos momentos la película de Steven Spilberg "Encuentros
cercanos del Tercer Tipo", esto, por la emoción del encuentro
y de una experiencia tan singular. Sin embargo no era la película,
era real, y todos los 8 estábamos ahí de pie, presenciando
una experiencia real, una experiencia con los guías de la Misión
Rama.
A ellos físicamente no les llegamos a ver, pero durante el avistamiento
de las naves había una presencia que se sentía todo el tiempo,
una fuerza mayor, superior, ninguno de nosotros tuvo temor, al contrario,
una alegría, una inmensa alegría y una bella emoción.
Nadie se desestabiliz6 emocionalmente, todos guardamos armonía
y equilibrio y durante la experiencia permanecimos orando al Padre, haciendo
mantrams y tratando de comunicarnos mentalmente con los hermanos mayores.
Todos trabajamos interiormente para que la experiencia fuera no solo una
experiencia física sino mas bien una concienciación de un
mayor compromiso de entrega a la 'Misión, un mayor compromiso de
trabajo y de lo que es más importante, de amor. Hay algo que queremos
destacar, durante el tiempo que las caneplas y esa luz mucho mayor alumbraba,
nosotros hacíamos el mantram OM y notábamos que las caneplas
intensificaban su luz y la luz se hacia mucho mayor, era como si adquiriera
un brillo especial; al mismo tiempo, escuchábamos un hermoso coro
que repetía los mantrams que íbamos entonando, llegamos
a pensar, por supuesto, erróneamente, que eran los hermanos que
estaban en el campamento, pero al otro día confirmamos que no era
así, como dijimos anteriormente, ellos se habían ido a descansar.
¿Quién entonces entonaba el mantram?
Pero esto es apenas el comienzo, esto sucedía alrededor de las
11.45 de la noche, y estábamos mirando, veíamos cómo
la luz más grande se apagaba y con la luz de las demás pudimos
observar que se trataba de un pequeño disco, por la oscuridad de
la noche apenas lo podíamos percibir, pero sí era visible,
incluso las patitas de la nave de vez en cuando las* percibíamos.
Luego volvía a encender su luz y solo podíamos percibir
las luces que se movían continuamente desde su lugar; la palabra
más exacta para definir sus movimientos es decir que se "deslizaban"
de un lado para otro, de arriba para abajo, de abajo para arriba. ¡De
pronto!, todas ellas empezaron a deslizarse hacia nosotros, vimos que
venían en dirección nuestra, esperamos todos emocionados
pero cuando estaban ya muy cerca de nosotros cambiaron la dirección
y empezaron a deslizarse hacia la derecha, rumbo al campamento bordeando-
la colina. Vimos cómo empezaron a bajar, iban en silencio el grupo
de luces y no hacían ruido alguno, sin embargo todo el tiempo percibíamos
en el silencio de la noche algo así como un fino y sutil zumbido
de abejas. Las caneplas y la pequeña navecita empezaron a avanzar
hacia el campamento y fueron bajando ante nuestro asombro y expectativa
hasta él, una vez que estuvieron allí, se acomodaron en
la falda de una de las colinas que daban al frente nuestro. La nave pequeña
cuando se apagaba y se la podía apenas percibir, presentaba siempre
como un halo rosado-violeta, luego, cuando encendía su luz, la
luz era brillante y blanca. La luz pequeña que la acompañaba,
que nosotros suponíamos era una canepla, estaba siempre pegada
a ella.
Durante la estadía en el campamento, las otras caneplas se deslizaban
encima de las carpas, parecía o daba la sensación de que
hacían un trabajo de energía en el campamento pues todo
el campamento empezó a iluminarse. De pronto, nos sorprendimos
más cuando las caneplas se elevaron hacia arriba y formaron unas
figuras. Llegaron a formar ante nuestros ojos un triángulo y luego
un arco. Ese fue un momento muy espiritual para nosotros, pensamos en
lo que aquello significaba, un pacto, una alianza de vida, un compromiso
mayor. Mientras ello sucedía la nave pequeña permanecía
apagada, pero de pronto, una vez terminadas de hacer las figuras, las
caneplas seguían deslizándose por la zona, y vimos entonces
aquello: la nave pequeña volvió a iluminarse pero esta vez
salió de ella una luz que era como un faro de puerto, como los
faros del mar, su luz era direccional y daba la impresión de ser
graduada, entonces vimos cómo esa luz fuerte, brillante y directa,
de color blanco, apuntaba de un lado para otro, como marcando una media
circunferencia. Entonces fue que vimos el campamento iluminado y se podía
ver claramente la línea luminosa dividiendo el claro brillante
que iluminaba con potencia el campamento con el oscuro desierto desde
donde nosotros veíamos transcurrir todo lo que estaba sucediendo.
Algunos hermanos casi al unísono percibimos la presencia de Oxalc
en el lugar, fue diríamos casi intuición.
Al cabo de un rato, mientras las caneplas seguían allí,
alguien miró hacia nuestra izquierda, y fue así que la vimos,
estaba entre las colinas del otro lado., inmensa, grande, con la luz apagada
seguramente, porque incluso estaba como rodeada de un humo o nubecilla,
pero era ella, estaba ahí, recortada sobre el cielo, en forma de
habano, de puro; antes no la habíamos percibido, tal vez porque
estábamos demasiado concentrados mirando al frente nuestro lo que
acontecía y sin embargo, la presencia de la "madre nodriza",
era una más de las maravillas que esa noche íbamos a vivir.
El zumbido para ese entonces se hacia más elocuente, era como una
vibración muy sutil a la vez. Fue en ese momento que al parecer
el grupo de caneplas y la pequeña navecita habían terminado
su trabajo en el campamento y se encaminaron bordeando la colina por el
lado contrario al que habían venido. Esta vez empezaron a deslizarse
hacia el lado donde se encontraba la nave nodriza, fuimos viendo cómo
se agruparon nuevamente y se iban acercando cada vez más hacía
nosotros que nos encontrábamos más arriba, esta vez, pensamos
que podíamos verles más de cerca. Mientras tanto, la nave
nodriza seguía aguardando, y las caneplas se iban acercando cada
vez más a ella y a la vez a nosotros, pero ¡de pronto!, ¡otra
sorpresa!, se iluminó nuevamente el borde de la colina, está
vez, de donde la nave nodriza se encontraba, y como la primera vez, aparecieron
ante nuestros ojos dos nuevas caneplas que empezaron a asomar; ellas fueron
al encuentro de estas otras que ya venían muy cerca de nosotros,
pero sucedió que esta vez, las que vinieron a su encuentro las
camuflaron al parecer con algún tipo de energía y formaron
como un túnel transparente o un humo de energía y las caneplas
y la navecita pasaron por él como en formación, como en
una fila. Lo que si podíamos percibir, aún a través
del túnel de humo brillante, era la forma en que se deslizaban
éstas, era como en vaivén, con movimientos suaves, ¡era
increíble!, había habido un camuflaje de luz para que no
les viéramos tan de cerca. Sin embargo aún habia más.
En esos momentos, se escuchó un ruido metálico, algo así
como un ¡clang! ¡clang! que todos percibimos. Mientras mirábamos
hacia la nave nodriza, vimos cómo el grupo de caneplas y la navecita
empezaron a subir hacia la nodriza que en esos momentos se recortaba en
el cielo, una puerta ovalada se perfilaba sobre la nave nodriza con una
luz un tanto violácea por dentro, pero a la vez se veía
oscuro, no se podían notar los detalles. Sin embargo, pudimos percibir
claramente el momento en que la navecita pequeña se elevó
y entró, por esa puerta y ¡de pronto! vino como una nube
más gruesa cubrió el escenario, como por arte de magia el
cielo se limpió y ya no había nada, todo estaba despejado;
al parecer se habla ido sin hacer el más pequeño ruido.
Pensamos que toda la experiencia había terminado y que debíamos
regresar al campamento. Decidimos hacerlo, pero en cuanto nos pusimos
en marcha, dos fogonazos en el suelo nos detuvieron, pensamos que a lo
mejor podía ser una señal para detenernos y no seguir avanzando,
pensamos que tal vez el campamento pudiera estar cargado de energía
y que no era prudente seguir avanzando, sin embargo, algunos hermanos
insistían en volver al campamento. Volvimos a iniciar la
marcha, cuando nuevamente fuimos detenidos por los fogonazos en el suelo,
entonces pensamos que los guías todavía no se habían
marchado y que nosotros debíamos esperar, que algo nos querían
decir con aquella señal..No tuvimos que esperar demasiado, allá,
en el horizonte, nuevamente aparecía ante nuestros ojos la nodriza
y esta vez una nave mucho más pequeña recortada también
en el cielo, esta estaba totalmente iluminada, no sabríamos decir
a qué distancia exactamente, sin embargo se la veía como
una nave jupiteriana, de aquellas del tipo de Morlen, podíamos
incluso percibir ventanitas de color blanco casi amarillento; la vimos
y entonces comprendimos que aún faltaba más: la navecita
fue acercándose hacia nosotros, pero a medida que lo hacia iba
volviéndose más lechosa, algo así como más
etérea, parecía como si se estuviera desmaterializando,
sin embargo, se iba volviendo cada vez más grande, pero mientras
más cerca de nosotros estaba, más se desmaterializaba; llegó
a acercarse a nosotros algo así como a pocos metros, no podríamos
precisar exactamente a cuántos, la veíamos en forma de campana,
como una cosa en cuarta dimensión, pero seguía siendo física
y visible a la vez; por momentos se volvía amorfa y parecía
que crecía de tamaño. Nosotros estábamos bien despiertos
y seguíamos atentos al proceso, llegamos a pensar que lo que estábamos
viendo era un increíble manejo de las energías o alguna
forma de desmaterialización molecular de la materia. En ese momento,
cuando la nave estuvo más cerca de nosotros, los 8 que estábamos
ahí presentes, nos vimos envueltos en un halo de luz de color amarillo
brillante, parecía un xendra, la luz nos llegaba y nos envolvía
poco más arriba de la cintura; estábamos dentro de un xendra
fuertemente proyectado e increíblemente visible; estuvimos un largo
rato dentro de él y nos podíamos ver medio fosforescentes,
nuestras ropas estaban brillantes, realmente se podía ver la demarcación
entre el desierto oscuro y el xendra donde nos encontrábamos: Las
sensaciones que tuvimos dentro del xendra fueron muy personales y múltiples,
pero muy semejantes a la vez; llegamos a sentir hormigueo en las manos,
pesadez en las piernas, incluso llegamos a sentir estados de ingravidez
o flotación hasta no llegar a sentir las piernas, también
fuerte presión en la glándula pineal y pituitaria, hasta
llegar a percibir lo que podían ser nuevas iniciaciones o nuevos
cristales, una energía muy grata y cristales de luz azul y de color
violáceo en el entrecejo y el recuerdo consciente de todas las
iniciaciones pasadas, incluso Liliana del Perú, llegó a
recibir los Cristales de Cesio, ya que ella no los había tenido
anteriormente. Los Cristales de Cesio fueron muy visibles en sus manos
en forma de pirámides y su experiencia fue realmente muy motivadora.
La experiencia finalizó cuando el xendra por si solo se evaporó
después de haber estado en él bastante tiempo.
En esta segunda parte de las experiencias vimos también claramente
el saludo de una canepla, que se encendió de pronto y pestañeó
en el momento que nosotros le enviábamos nuestros saludos.
Queremos hacerles notar que en el momento que el xendra se formó,
la nave que estaba delante de nosotros o aquello que vimos como una campana
medio etérea, desapareció conjuntamente con la nave madre
en el instante mismo que la luz se materializó envolviéndonos
a todos. Cuando el xendra se evaporó, el desierto de Chilca parecía
nuevamente solo, solamente el silencio y el recuerdo de la inolvidable
experiencia permanecía suspendido en el ambiente.
Teníamos que volver al campamento y para ese entonces la luz que
rodeaba el sitio era mucho más sutil, el tiempo había transcurrido
casi sin darnos cuenta y ya eran como las cuatro y media de la mañana.
Cuando retornamos al campamento nos encontramos con 5 hermanos de Uruguay
que habían salido en nuestra búsqueda pensando que nos habíamos
perdido, siendo ellos testigo de nuestra experiencias al haber tenido
ellos avistamiento tanto de la nave madre como de la navecita.
Al otro día contaríamos la experiencia los 8 ante casi 500
personas: Sixto llegó a decir algo muy importante: "La importancia
de estar siempre bien despiertos y atentos a los detalles" y de que
"No somos nosotros los que vamos a las experiencias sino más
bien son las experiencias las que vienen hacia nosotros". También
recalcó la importancia de que "Caminar solos es no crear ninguna
dependencia sino la de nuestro propio compromiso y trabajo".
Ahora, simplemente nos queda agradecer por la atención que han
prestado a nuestro relato y recalcar el mirar más hacia dentro
en estas experiencias que hacia fuera. Hemos dado testimonio de lo que
nuestros ojos han visto físicamente, pero lo que nuestro corazón
sintió es mucho más grande, para aquello no existen palabras,
todo queda chico, es indescifrable.
"Abriremos un Puente de Luz, de Contacto", decía uno
de los mensajes del guía "Sordaz" antes de las experiencias.
Creemos que ese puente está en nuestro interior y de que de esta
forma sellamos un compromiso. "El Arco" del Amor está
presente en todos nosotros, amamos la Misión y la servimos, y ella
es una necesidad básica en nosotros.
"El Triángulo sella el compromiso con la Trinidad Cósmica,
Padre, Hijo y Espíritu Santo se entrelazan formando una sola fuerza,
el Uno Universal. Todos hemos vivido esta fuerza, no solamente los 8,
sino todos, porque aunque todos los demás dormían en ese
momento, los guías también trabajaron sobre ellos durante
dos horas, dejándoles a lo mejor experiencias muy conscientes.
Muchas personas nos relataron sueños que habian tenido esa noche
con los guías. Licerio Moreno de la "Fraternidad Cósmica
Adonai", había tenido una experiencia astral en sueños
con los guías y la hija de Sixto, la mayor, Yarim, le dijo a Sixto
que toda la noche había conversado en sueños con los guías
y que los guías habían estado con ella.
Las experiencias astrales, en sueños, fueron varias, sin embargo,
nosotros, los 8, damos fe de ello, habiendo vivido en forma muy despierta
y consciente estas experiencias, algo que hallamos fue un hermoso regalo
de los guías. No fue un sueño, sino la realidad más
hermosa que hemos podido percibir estando juntos cuatro países
limítrofes: Argentina, Bolivia, Uruguay y Perú.
Con el Profundo Amor de la Conciencia
Cósmica Misión Rama Santa Cruz.- Bolivia.
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