LOS
SIETE PRINCIPIOS UNIVERSALES
6.-
EL PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO
“TODA
CAUSA TIENE SU EFECTO; TODO EFECTO TIENE SU CAUSA; TODO SUCEDE DE ACUERDO
CON LA LEY; LA SUERTE NO ES MAS QUE EL NOMBRE QUE SE LE DA A UNA LEY NO
CONOCIDA; HAY MUCHOS PLANOS DE CAUSALIDAD, PERO NADA ESCAPA A LA LEY”
Tu
sabes que nada ocurre por casualidad, todo tiene su origen, su causa,
su inicio; tu misma presencia acá se debe a una causa, los efectos
de esa causa serán posteriores. El efecto es futuro, producto del
presente que en un momento será pasado. Los pensamientos que tu
mente genera son energía y salen de tu cabeza como vibraciones,
como ondas y regresan a ti en el futuro trayéndote lo que has escogido.
Lo que quiero decirte es que el obrar, pensar, actuar, sentir positivamente
te beneficia grandemente en el futuro que es el efecto generado por tu
mente. Haces un bien a alguien o hablas bien de una persona, “eso”
sale en vibraciones de colores limpios. ¿Sabes que los pensamientos
tienen colores?. Esos colores son bellos y atraen correspondientemente
vibraciones de ese mismo color que te regresan aumentados en intensidad,
en el bien que hiciste o dijiste. Mira ¡Qué maravilla¡
y eso no es casualidad, es un principio exacta, inmutable como los otros
principios. Si siembras amor recogerás amor intensificado en energía
positiva; si siembras maldad esta vibración recogerá en
su camino más maldad que volverá a ti aumentando su fuerza,
en algo desagradable: enfermedad, accidente, etc. Si criticas serás
criticado, si dañas a alguien serás dañado o un ser
tuyo sufrirá el daño. Todo lo que siembras, que viene ser
la causa, da su fruto que es el efecto que tu cosecharas. En general,
lo que siembres bueno o malo cosecharás con creces; entonces es
conveniente siempre dar todo lo que la vida nos ofrece en sentimientos
y acciones. Si somos mal humorados, mezquinos, violentos, egoístas,
no podemos esperar sino desgracias y cosas malas en general. Y luego nos
quejamos de que DIOS es injusto, realmente que injusto somos con El. No
queremos aceptar de que nosotros y no otros, somos los únicos causantes
de todos los males que nos aquejan, de todas las limitaciones que sufrimos,
de todas las desgracias que se nos vienen. Si comprendes este principio,
puedes cambiar muchas cosas que te están haciendo daño y
tendrás realmente el dominio de tu vida.
FUENTE
: GUIA DE INSTRUCTORES
Toda
Causa, tiene su Efecto. Y, si trabajamos por un mundo Nuevo, por una renovación,
el efecto no se hará esperar. Nuestros mismos trabajos de difusión,
y preparación de la gente, traerán consecuencias muy positivas,
para la realización del Plan Cósmico.
Los maestros obedecen a la Causación de los Planos superiores al
que se encuentran, pero prestan su colaboración, para regular y
regir en su Propio Plano.
En RAHMA, hemos aprendido que nosotros podemos causar buenos efectos,
esto es poniéndonos conscientemente, y de forma libre, bajo las
Leyes Universales. En nosotros esta, la capacidad de programar y crear
situaciones futuras, que serán causadas en base a nuestras actuales
decisiones y que mejor resultado no tendrán éstas, si se
identifican con el Plan Divino.
FUENTE
: COMUNICACIÓN DE LOS GUIAS
El
sexto principio indica que todo es consecuencia de las necesidades de
nuestro actual aprendiza y de las decisiones, pensamientos y actos con
los que sembramos la vida, así como también por los procesos
pendientes de existencias pasadas. Y es que cada vida se nos ofrece como
una nueva aventura pero con mayor experiencia. Experiencia alcanzada de
otras vidas, que se manifiesta en nuestra particular forma de enfrentar
las propuestas que se nos van presentando; todo ello, como parte de un
proceso de crecimiento hacia una expansión de conciencia, donde
nada es dejado al azar; y donde también, no está dicha nunca
la última palabra.
En esto no hay programas individuales o colectivos incompletos, ni programas
definitivos e inamovibles. No se han descuidado los detalles pero TODO
PUEDE VARIAR. TODO SE PUEDE MODIFICAR PARA BIEN O PARA MAL, dependiendo
fundamentalmente de nuestra ACTITUD FRENTE A LA VIDA. Pero eso sí,
LA EVOLUCION ES PERSONAL E INTRASFERIBLE, AUNQUE PARADÓJICAMENTE
ESTA SOLO SE PUEDE REALIZAR EN PERMANENTE INTERACCION CON LOS DEMAS.
LA COSECHA DE NUESTRA VIDA ES PRODUCTO DE LA SIEMBRA DE NUESTRAS ACCIONES.
En este sexto principio se ha de trabajar EL SERVICIO CON DISCERNIMIENTO,
BONDAD Y DECISIÓN.
APLICACIONES DEL PRINCIPIO DE
CAUSA Y EFECTO
POR
QUE LE OCURREN COSAS MALAS A LA GENTE BUENA
La
Ley de causa y efecto opera en forma permanente manifestando aquello que
de alguna manera hemos generado. De esto deducimos que haciendo el bien
obtendremos el bien, lo cual es correcto. Sin embargo, habrás encontrado
que aún haciendo buenas obras se te presentan problemas, y entonces
surge la pregunta: ¿Porqué le ocurren cosas malas a la gente
buena? La respuesta es muy sencilla: por karma. Aunque una persona sea
buena en esta vida, quizás arrastre deudas de su pasado.
El karma une a las personas y las mantiene conectadas a través
de las distintas vidas. Esto quiere decir que reencarnamos en grupo, en
los cuales vamos intercambiando roles. Es probable que una mujer haya
sido madre en una vida y en la siguiente sea hija. Por eso es que algunos
hijos tienen una actitud muy autoritaria hacia sus padres, como si los
roles estuvieran cambiados. En realidad, esto ocurre cuando el recuerdo
de la vida anterior aún está vigente en el cuerpo emocional.
Hay amigos que parecen hermanos porque efectivamente lo fueron antes,
mientras que hay hermanos que parecen extraños en la familia porque
es la primera vez que les toca estar juntos. También hay parientes
que parecen ser rivales o enemigos; cuando esto ocurre, el Universo los
lleva a nacer bajo la misma sangre como un intento de conciliar sus almas.
No solamente intercambiamos roles cuando reencarnamos, sino que también
cambiamos de sexo. Si en esta vida eres hombre, en la próxima serás
mujer y viceversa. Además, nacemos dos veces bajo el mismo signo
astrológico y, de esta manera, nuestra alma recoge la experiencia
completa.
Nos reencontramos con las mismas personas a lo largo de numerosas vidas.
En síntesis, si perjudicamos a una persona, es muy probable que
en la próxima vida nos toque ser perjudicados por ella. Si como
padre has sido muy severo, entonces en el futuro te tocará vivir
como hijo el sometimiento de un padre igualmente severo. De esta manera
aprendemos y reconocemos lo que hemos hecho antes.
El principio de causa y efecto está operando permanentemente y
nadie puede escapar a eso. Tarde o temprano tendremos que reparar el daño
que hemos ocasionado. O, por el contrario, recibir con alegría
el beneficio de haber hecho bien las cosas en su momento.
A medida que la población del mundo crece, vienen “almas
nuevas” a la Tierra. Estas almas vienen de otros planetas con la
misión de ayudarnos a elevar nuestra conciencia. De la misma manera,
nosotros nos moveremos hacia otro lugar cuando hayamos aprendido todo
lo que nos toca aprender aquí. Este es uno de los motivos por los
cuales no hay que apurarse en crecer o evolucionar. El crecimiento es
infinito y debemos disfrutar de cada paso que damos.
CONTRATOS KARMICOS
Antes de venir al planeta, elegimos tomar un cuerpo físico y seleccionamos
voluntariamente las experiencias que estamos dispuestos a experimentar.
En ese proceso seleccionamos a nuestros padres, hermanos, futuras parejas,
matrimonios, amigos, y demás. Con las personas que nos van a ayudar
más eficazmente firmamos un “contrato kármico”.
Nos ponemos de acuerdo en lo que cada uno le va a hacer al otro con la
intención de enseñar o aprender algo. El proceso de aprendizaje
es mutuo y el contrato kármico se firma de común acuerdo.
Cuando llegamos a este plano, nos olvidamos de lo firmado y vivimos la
experiencia elegida.
Los contratos kármicos son voluntarios e irrevocables; no desaparecen
hasta que se cumplen totalmente. Uno los elige con la finalidad de dar
un paso adelante muy importante en la evolución personal. Por ejemplo,
una mujer puede pedirle a su “futuro esposo” que durante el
matrimonio la maltrate; de esta manera, ella reconocerá que tiene
muy poco amor propio y deberá aprender a valorarse como mujer.
Por otra parte, él acepta que ella le inicie una demanda legal;
de esta manera, tendrá que aprender a respetarla y renunciar a
su machismo.
Cuando hay un contrato kármico, se percibe una sensación
de venganza en una o en ambas personas involucradas. Nos olvidamos de
que nosotros mismos hemos elegido vivir la “mala experiencia”
para aprender la lección y reparar nuestros errores pasados.
El principio de causa y efecto dice que existen muchos planos de causación,
por tal motivo, a veces es muy difícil entender por qué
sucede lo que sucede.
EL DRAMA PERSONAL
Según
el principio de causa y efecto, todo lo que vivimos es el resultado de
nuestros propios actos. Contamos con el poder creador y, a veces, debido
al mal uso del mismo, creamos situaciones difíciles o dolorosas;
creamos de esta manera nuestro “drama personal”. Según
los principios, el drama de toda persona se reduce a la idea de separación
de su Fuente (Dios).
Podemos comparar el efecto de la separación con el concepto del
“pecado original”. En la Biblia, esto se explica con la imagen
de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso. La sensación
de separación o desconexión de nuestra verdadera Fuente
(Dios) es la que genera todos los miedos, las angustias y los problemas
mayores. Un ejemplo de esto es la soledad. La soledad no se resuelve teniendo
a una persona al lado nuestro; en muchos casos, uno puede llegar a sentirse
horriblemente solo aún estando acompañado. La soledad es
un problema personal y tiene que ver con la sensación de estar
desconectado de nuestro Creador. Solamente reparando esa conexión
podemos sentirnos plenos, completos y felices. Curiosamente, muchas iglesias
fomentan la idea de separación y no la de unión. Esto se
debe a que se basan en las leyes del ego y no en las del espíritu.
El miedo más grande que existe es el miedo a Dios, a recibir su
condena o castigo, lo cual es totalmente absurdo.
Como conclusión, la idea del karma, o el ciclo de culpa y castigo,
fue creada por nuestro ego. Dios no condena ni castiga porque El nos ha
creado tal como somos. El sabe que lo que estamos viviendo es como un
gran sueño del cual tenemos que despertar. No hay culpas ni culpables;
no tenemos nada que pagar ni que hacer pagar a los demás; solamente
existe la experiencia.
El proceso de liberación del karma comienza con el reconocimiento
de la proyección que hacemos hacia los demás. Es decir que
tenemos que empezar a reconocer que no hay culpables fuera de nosotros,
sino que, de alguna manera, uno está proyectando el problema hacia
fuera. Luego debemos reconocer que tampoco nosotros somos culpables, sino
que solamente hemos cometido algunos errores. Finalmente, debemos reparar
esos errores corrigiendo nuestra percepción de la vida.
Cuando creamos nuestro ego, cuando surgió la idea de separación,
Dios puso en nuestra mente el instrumento necesario para devolvernos la
percepción correcta de la vida. Este instrumento es lo que llamamos
Yo Superior o Espíritu Santo.
Todos debemos aprender a invocar al guía de nuestro Yo Superior,
especialmente en los momentos en que se encuentra en conflicto, para entender
lo que está ocurriendo.
La Era de Acuario nos enseña que no somos culpables de nada; tan
sólo hemos cometido errores y los errores se corrigen. La parte
más perfecta de nuestra mente nos ayuda en este proceso. Para poder
evolucionar, debemos desarmar nuestro “drama personal”. Con
nuestro drama lo único que hacemos es acaparar la atención
de los demás y de esta manera tomamos su energía. Esto significa
que cuantos más dramas experimentamos, más robamos la energía
de los demás. Pero cuando empezamos a despertar a la vida espiritual,
descubrimos que la Fuente de nuestra energía es otra y que la misma
es infinita e inagotable; por lo tanto, no necesitamos apropiarnos de
la energía ajena.
El proceso del perdón consiste en “desarmar” lo que
hemos construido eliminando las culpas que ponemos en otros y en nosotros
mismos. De esta manera, comenzamos a sentir la sensación de unidad.
Pero mientras exista una sola persona a la que consideremos culpable,
nunca encontraremos paz en nuestra vida.
El perdón a uno mismo es, tal vez, uno de los más difíciles
de lograr. La autocondenación se da la mayoría de las veces
de una manera muy sutil y, a la vez, muy intensa. A veces, sentimos la
voz de un juez interno que nos recuerda cuán tontos hemos sido
al haber actuado de cierta forma; ese juez no es más que la voz
de nuestro propio ego que debemos aprender a callar.
Perdonar no es sinónimo de debilidad. Perdonar no significa permitirles
a los demás que vuelvan a hacer lo mismo con uno. Perdonar significa
entregar el problema a una autoridad superior a la nuestra, que impondrá
Su Justicia y no la que nuestro ego quiere. Perdonar también significa
aprender a ponerles límites a los demás y a defender nuestros
derechos.
LA AYUDA A LOS DEMAS
Nunca
hay que ayudar a nadie que no nos haya pedido porque la persona puede
no estar receptiva a nuestra ayuda. Cuando le hemos hecho un favor a alguien
y luego esa persona no nos agradece o se muestra indiferente nos está
dando la pauta de que nos hemos equivocado. O bien la persona no necesitaba
de nuestra ayuda o le hemos dado la ayuda equivocada. Esto ocurre cuando
intervenimos en la vida de alguien pretendiendo ser su salvador.
Una manera de evitar este error es ofrecer nuestra ayuda a quien pensamos
la necesita y, luego, debemos retroceder para dar lugar a que la persona
elija. Cuando la persona decide aceptar nuestra ayuda, entonces estará
receptiva y sólo así tendremos éxito.
¿Hasta dónde ayudar? Se debe ayudar a los demás hasta
el punto en que el equilibrio de nuestra vida personal no se pierda. Si
vas a prestar dinero a alguien cercano, deberás prestar solamente
una cantidad de tu dinero que no ponga en peligro tu economía personal.
De lo contrario, si por prestar dinero dejas de pagar tus cuentas, sólo
estás permitiendo que el problema del otro contamine tu vida. En
esencia, si quieres que tu ayuda sea siempre efectiva, no deberás
perder nunca tu equilibrio personal. Esto nos lleva a la siguiente conclusión:
desde el punto de vista metafísico, los sacrificios por los demás
no sirven.
En general, los problemas que cada uno de nosotros enfrentamos no son
más que errores de conciencia. Existen en nuestra mente ideas equívocas
que deben ser corregidas. Estas tienen que ver con la falta de aceptación
de lo bueno, con ideas de no merecimiento, con el nivel de la autoestima
y con las culpas que arrastramos. Estas últimas son las más
poderosas y generan las principales barreras para nuestra felicidad personal.
Cuando un objetivo se demora o las cosas que deseo no se dan, es porque
todavía tengo que perdonar a alguien o perdonarme a mí mismo.
Las enfermedades físicas tiene que ver con la falta de perdón;
las deudas y la soledad, también. Siguiendo este concepto, si quieres
ayudar a alguien verdaderamente, entonces no sólo tienes que brindar
tu ayuda material, sino también el apoyo moral necesario para que
la persona se libere de sus culpas y mejore su manera de pensar.
RENUNCIAR AL KARMA
Debes
afirmar de una manera rotunda tu deseo de no seguir sufriendo. Para lograrlo,
tienes que decretar lo siguiente: “Renuncio al karma. En este instante,
renuncio a cualquier forma de carencia, pensamiento de limitación
o error que se aloje en mi conciencia, A partir de hoy, elijo felicidad,
prosperidad, salud excelente y una vida muy armoniosa”.
Cada vez que se nos presenta un problema lo primero que se debe hacer
es renunciar a él. Cualquier afirmación o decreto que se
haga en ese momento tiene que comenzar con la palabra “renuncio”.
De esta manera, interrumpes la formación de la crisis. Por ejemplo,
puedes decretar: “Renuncio a seguir sufriendo por este problema
sentimental. A partir de hoy, encuentro la solución más
armoniosa y positiva para ambos”. Si el problema es de dinero, entonces
puedes decretar: “Renuncio a mis limitaciones económicas.
A partir de hoy el dinero viene fácilmente a mi vida y en abundancia”.
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