Alimentos
a evitar: El azúcar blanca
Ladrón
del organismo
Por millares de años el ser humano satisfizo el gusto
por el sabor dulce con fruta fresca, fruta seca y miel. Todos alimentos
naturales que no contienen sólo azúcares, sino también
vitaminas, minerales, enzimas, ácidos orgánicos, proteínas,
agua, etc. Sin embargo hoy, la sacarosa contenida en el jugo de la caña
de azúcar -refinada y cristalizada- ha desplazado a las fuentes
naturales de azúcares y es utilizada en enormes cantidades en infinidad
de procesos industriales. Tanto se ha radicado psicológicamente
el consumo de la sacarosa, que una familia tipo no resistiría más
de un día sin su presencia. O sea que se ha convertido en una verdadera
droga.
Dice el Dr. Bruker, investigador alemán y autor de un libro sobre
el tema: "Mi experiencia de decenios investigando sobre el azúcar
blanco me permiten concluir que esta sustancia es capaz de crear un estado
de adicción, del mismo grado que el ocasionado por drogas como
la nicotina, el alcohol y el café. Existen estudios realizados
en Estados Unidos que lo demuestran, pero que no se han hecho públicos
por motivos económicos".
Como todas las drogas, el azúcar blanco, además de no beneficiar
al organismo y no aportar ningún elemento nutritivo y vital, resulta
altamente dañoso. Es un verdadero peligro para la salud pública,
por ser fuente directa o indirecta de muchos padecimientos "modernos":
caries dental, acidificación de la sangre, descalcificación,
arteriosclerosis, infarto de miocardio, diabetes, obesidad, acné,
úlcera de estómago, colesterol, tensión nerviosa,
problemas de circulación, hiperexcitabilidad, degeneración
hepática...
Muchos se preguntarán porqué resulta tan nocivo este derivado
de la caña, cultivo originario de la India que los españoles
introdujeron en América. La respuesta: la sustancia que hoy conocemos
como azúcar poco tiene que ver con la planta original. Se trata
sólo de sacarosa "purísima", priva de impurezas,
de vitaminas, de minerales, de enzimas y de todo elemento vital.
O sea, una sustancia química completamente artificializada. Una
vez ingerida -y a diferencia de cualquier otro alimento- se transforma
completamente en energía, sin dejar siquiera trazas de residuos:
nada de proteínas, grasas, almidones, vitaminas, ni minerales.
Es decir que aporta calorías vacías. Como otras sustancias
químicas puras, la sacarosa excita el organismo con su carga energética
inmediata, pero lo enerva y lo debilita, haciendo trabajar en vacío
todo el aparato metabólico. Pero lo más grave es que para
su metabolización el organismo debe emplear reservas orgánicas
de vitaminas, amionoácidos y minerales, empobreciéndose.
Las investigaciones -escasamente difundidas por cierto- indican que no
solo el abuso, sino el simple uso de la sacarosa pura, predispone el organismo
a las modernas enfermedades de la civilización. Indígenas
de Africa y Asia cuando consumen azúcar refinado sufren las mismas
enfermedades de los occidentales más golosos y sacarodependientes.
Sin embargo en estudios hechos en Sudáfrica sobre muestras de orina
de 2.000 trabajadores de plantaciones de caña de azúcar,
no se hallaron trazas de glucosa pese a que en promedio mascaban 2 kg
diarios de caña, o sea que ingerían unos 350g de azúcar.
La explicación: mientras la caña mascada es un alimento
natural y relativamente completo, el azúcar refinado es un producto
extraño y nocivo para el organismo. Otras investigaciones realizadas
en Africa e India muestran que la diabetes es desconocida en pueblos que
no incluyen carbohidratos refinados en su dieta.
El azúcar blanco resulta particularmente nocivo para los niños,
los ancianos y las mujeres, ya que roba del organismo calcio y sales minerales
(sobre todo cromo). Esto sucede pues la sacarosa se une al calcio presente
en la sangre, formando sucrato de calcio que se elimina por intestinos
y riñones. También roba vitaminas y enzimas, necesarias
para su desdoblamiento (la sacarosa es un disacárido que el organismo
debe convertir en compuestos simples como glucosa y levulosa). Detallados
estudios demuestran que cada vez que ingerimos sacarosa, para su metabolización
agotamos reservas orgánicas de preciosos aminoácidos (triptofano
y metionina), de vitamina B (sobre todo B5, B6 y B12), vitamina PP y minerales.
De allí que se defina al azúcar blanco como un verdadero
"ladrón" del organismo.
¿QUE OCURRE EN LOS INGENIOS?
Es importante comprender lo que sucede en los ingenios azucareros, donde
ingresa un producto noble como la caña y sale algo tan desvitalizado
como la sacarosa. Dejémonos llevar por la explicación calificada
del Dr. Jaime Scolnik, quién en su libro "La Mesa del Vegetariano"
hace un minucioso análisis técnico del proceso, luego de
haber visitado varios establecimientos: "Una vez extraído
el jugo de la caña en un trapiche y descartada la fibra vegetal
(bagazo), se lo cuela, se lo clarifica con anhídrido sulfuroso
y cal, se lo lleva a 100°C y se lo filtra agregándole tierra
de infusorios y ácido fosfórico, descartándose los
residuos sólidos (cachaza). El jugo resultante se concentra, obteniéndose
un jugo espeso (melado). Este melado se evapora nuevamente al vacío
y se cristaliza la sacarosa, separándosela de la miel residual.
Los cristales obtenidos se blanquean con azul de ultramar a fin de eliminar
la coloración amarillenta de los residuos de miel intercristalina
o de sales de hierro. Esta es llamada azúcar de 1° y tiene
un 99% de pureza en sacarosa. La miel resultante (llamada de 1°) se
somete a una nueva cocción, obteniéndose azúcar de
2° (con una pureza del 97%) y miel de 2°. Esta última se
vuelve a cocinar resultando azúcar de 3° (con un 94% de sacarosa)
y miel final o melaza".
"La melaza es una miel agotada -continua Scolnik- aún con
un 30% de azúcar, pero al no poder cristalizarla se la destina
a producir alcohol o alimento de hacienda. En cambio el azúcar
de 3° se vende habitualmente con el nombre de "rubio" o
"moreno", estando muy lejos de ser un producto integral o natural,
sino más bien un producto residual de la fabricación del
azúcar blanco, cargado de impurezas y residuos industriales. Siendo
blancos los cristales de sacarosa, la coloración del azúcar
rubia se debe a la capa de melada que recubre a los gránulos y
cuya intensidad depende de la pureza del jugo de origen. La presencia
de dicha capa es fácilmente demostrable al lavar este azúcar
repetidamente en agua; allí se ve como desaparece el color original
(rubio o moreno) y los cristales se vuelven blancos. La melada que reviste
a los granos contiene: sulfito de calcio, sales resultantes de la combinación
de cal y azufre, hidrosulfito de sodio, ácido fosfórico,
carbonato de sodio, etc".
"Mientras que el azúcar de 3° no sufre un ulterior proceso
de refinación -dice Scolnik- los azúcares de 1° y 2°
son refinados, no porque los ingenios defiendan la salud del consumidor,
sino para poder conservar en mejores condiciones el producto. En efecto
el azúcar en terrones contiene sales higroscópicas que absorben
agua del aire, tornándolo húmedo y de mal aspecto".
"Comprendo -prosigue Scolnik- la dificultad de difundir estas sencillas
pero grandes verdades. En primer lugar por el desconocimiento que reina
en materia de alimentación racional, no sólo en el ciudadano
común sino también en la clase dirigente y aún en
los mismos médicos. Por otra parte por la acción formidable
de los intereses creados. Las industrias exigen que el consumo de azúcar
siga incrementándose y en ese aspecto conviene que la gente esté
desinformada. Además la industria conoce la debilidad del consumidor
por aquello que agrada más a la vista o al paladar, sin tener en
cuenta el verdadero valor alimenticio. Muchos pueden pensar que mi discurso
puede resultar peligroso, dado que los ingenios y el cultivo de la caña
dan empleo a mucha gente. Pero esto es falso, pues la caña podría
ir siendo reemplazada por la fruticultura y la apicultura, dos actividades
que tienen un excelente potencial en la actual zona cañera y que
además poseen la ventaja de ofrecer productos más sanos
y nutritivos".
¿EXISTE UN AZUCAR INTEGRAL?
El mismo Dr. Scolnik clarifica respecto a los llamados azúcares
integrales. "Demostrado que el azúcar rubio no merece
el nombre de integral o natural, hay antiguas alternativas que preservan
los valores nutritivos del jugo de la caña de azúcar. Un
procedimiento (llamado mascabado) consiste en cocinar el jugo de caña
para concentrarlo (evitando su fermentación), obteniéndose
un residuo sólido que, molido, da lugar a un verdadero azúcar
integral”.
Este proceso fue introducido en nuestro territorio por los jesuitas. De
allí que se difundiera el uso del azúcar mascabo en el sur
de Brasil. Misiones en cambio fue perdiendo esa tradición al concentrarse
toda la actividad azucarera en Tucumán y al no haber precio del
producto. Por suerte ahora pequeñas cooperativas de agricultores
misioneros han vuelto a cultivar la caña, en forma orgánica,
incorporándole el valor agregado de la artesanal elaboración
del azúcar mascabo. Esta tarea se realiza manualmente con paletas
de madera en pailas de cobre y permite disponer de un genuino azúcar
integral, que conserva todos los componentes de la caña.
OTRAS ALTERNATIVAS
Además de estas opciones, existen otras fuentes naturales para
endulzar. Una de ellas es la miel, sobre la cual expresa Scolnik: "Es
un alimento orgánico, vivo y no una sustancia muerta como el azúcar
industrial. La miel, en lugar de robar, aporta al organismo: calcio que
nutre y fortalece los dientes y los huesos; hierro que enriquece los glóbulos
rojos de la sangre evitando la anemia; aceites esenciales y balsámicos
que desinfectan y tonifican las vías respiratorias; ácido
fórmico que es un poderoso antiséptico; vitaminas que son
sustancias indispensables a la salud; fósforo que es un tónico
para el sistema nervioso; glucosa, fructosa, diastasas, dextrina, albúminas,
etc. La miel puede sustituir al azúcar en todas sus aplicaciones,
aunque es obvio que la cocción destruye enzimas y vitaminas".
La principal fuente natural de azúcares son las frutas, siempre
mejor si consumidas frescas, pues además de la fructosa y minerales
aportan enzimas y vitaminas. También pueden utilizarse numerosas
frutas secas (pasa de uva, dátil, higo, pera, durazno, damasco,
ciruela, etc.) donde la evaporación del agua permite mayores concentraciones
de azúcares y por tanto intensos sabores dulces naturales.
Otra fuente de azúcares y un redituable reemplazo de los snacks
a base de sacarosa, son las semillas -crudas o tostadas- como: girasol,
nuez, maní, almendra, castaña de cajú, nuez de pecán,
castaña de pará, sésamo, etc. Es muy saludable habituar
a los niños al consumo de frutas secas y semillas en lugar de caramelos,
chocolates y golosinas. Además de beneficiar su estado general
de salud, lograremos que redescubran los verdaderos sabores naturales,
cada vez mas "tapados" por los saborizantes sintéticos
producidos con químicos para nada inocuos y en muchos casos hasta
cancerígenos.
Para los diabéticos existe también un endulzante natural
que a su vez reduce la tasa de azúcar en sangre. Nos referimos
a la Yerba Dulce (Stevia rebaudiana) que entrega su poder endulzante a
través de infusión en líquidos calientes, sin aportar
hidratos de carbono ni los perjuicios de los edulcorantes sintéticos.
Esta hierba ve potenciado su efecto cuando se la asocia a otras hipoglucemiantes
como la pezuña de vaca, la higuera y el sarandí blanco.
Es interesante comprobar que pueden elaborarse exquisitos productos (dulces,
bombones, galletitas, etc.) prescindiendo del azúcar blanco, reemplazándolo
por integral, miel o yerba dulce. Se obtienen así nuevos sabores
y altos valores nutricionales
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