Curar con el sol

A SOL Y SOMBRA

Hay personas con una piel más sensible que otras a las radiaciones solares. En ciertas personas la piel reacciona con rapidez ante el sol sintetizando melanina o pigmento oscuro protector. La coloración de la piel es una adaptación a la luz solar, el color oscuro de la piel le protege ante la excesiva incidencia de los rayos solares. En otras, sin embargo, la respuesta no es tan rápida y el exceso de sol produce una "quemadura solar" y la piel se pone roja y caliente por la inflamación.

El equilibrio saludable a la hora de tomar el sol se encuentra en el punto medio, unas veces tomamos el sol y otras veces, cuando más calienta el sol, como lo hacen todos los animales, nos ponemos a la sombra. El sol en su justa medida nos "alimenta" pero en exceso nos perjudica, de la misma manera que el agua también nos calma la sed pero en exceso nos puede ahogar.

LA PIEL, ÓRGANO VIVO

La piel no es sólo una capa protectora, es un órgano con múltiples funciones. Al igual que todos los órganos de los sentidos es una prolongación de nuestro sistema nervioso. Cuando comienza a desarrollarse el embrión dentro del vientre materno, está formado por tres capas. De la más externa de ellas surge y se desarrolla el sistema nervioso, los sentidos y la piel. La piel nos permite sentir y percibir el mundo de muchas maneras, por algo el tacto es el primero de los sentidos en la evolución del cuerpo humano y el más completo al nacer. Se reconoce igualmente cada vez más la función de la piel como "glándula" que actúa regulando a todos los tejidos del cuerpo.

La piel es también la frontera con el exterior, de la piel hacia dentro soy yo, de la piel hacia fuera son los demás, y las alteraciones en las relaciones humanas se reflejan con frecuencia como enfermedades de la piel. Muchas de ellas mejoran con la exposición al sol. El sol da vida a nuestra piel y a través de ella al organismo todo. La piel recibe la luz y la envía a todas las células.

La mejor protección y la más eficaz ante el sol es no exponernos en exceso. Lo ideal es la progresiva adaptación a los rayos solares. Es mejor tomarlo repetidas veces que "empacharnos" de una sola vez.  Los rayos del sol penetran más cuando el sol se encuentra en lo más alto, en el cenit. Al incidir perpendicularmente, la capa protectora de la atmósfera que filtra los rayos solares es menos extensa. En ese momento, al mediodía,  predominan también los rayos infrarrojos, los que dan calor y pueden quemar más fácilmente. Por eso la hora más recomendable para tomar el sol durante el verano es antes de las 10 de la mañana o después de las 6 ó 7 de la tarde. Como siempre la mejor manera de alimentarnos del sol toma parte del arte de vivir o higiene en el más amplio sentido de la palabra. Alguna vez podemos proteger nuestra piel con una crema, especialmente a los niños pequeños, eligiendo siempre una crema lo más natural posible.

EL SOL, DADOR DE VIDA

La acción beneficiosa del sol puede asociarse con el ejercicio al aire libre. Los niños pequeños no toman el sol "quietos parados" sino jugando y moviéndose, con lo que consiguen que la piel forme el pigmento de forma homogénea por todo el cuerpo, especialmente cuando no tienen el bañador puesto. El bañador mojado mantiene la humedad alrededor de una de las zonas más sensibles del organismo. Cuántos trastornos de esta zona no serán debidos a mantener el bañador húmedo en continuo contacto con el cuerpo.

El estímulo del sol unido al contacto con la tierra, el agua y el aire, es necesario para la piel y la salud de todo el organismo. El problema surge cuando nos "quemamos" la piel con el sol. Como cualquier quemadura, la quemadura solar altera la estructura de la piel. La excesiva exposición de la piel a los rayos del sol facilitan su envejecimiento, sin embargo la exposición en su punto medio tonifica y da vitalidad a la piel y al organismo en general.

Los rayos del sol son filtrados por la atmósfera y el actual agujero de ozono o disminución de la concentración de ozono, da lugar a que pasen con más facilidad. De la misma manera que utilizamos el fuego sabiendo que con el podemos cocinar pero también nos puede quemar, podemos aprovechar la energía vital que nos envía el sol, origen de toda la vida en nuestro planeta, sin quemarnos. El sol, además de la luz, nos aporta calor y vida.

EFECTOS BENEFICIOSOS DEL SOL

Muchos son los efectos beneficiosos del sol cuando lo tomamos correctamente, si tenemos cuidado de no "tostarnos".

EFECTOS LOCALES

Aumento de la circulación de la piel. Los rayos infrarrojos que son los que dan la sensación de calor provocan una vasodilatación en la piel y un aumento de la circulación de la sangre en la zona y de esta manera se acelera la distribución de las sustancias producidas por la exposición a los rayos ultravioleta, por ejemplo la vitamina D. Esta vasodilatación y el aumento del metabolismo favorece la curación de heridas y ciertas enfermedades de la piel. Se acelera así su renovación.

Acción analgésica. La piel, ya lo hemos visto antes, es una prolongación del sistema nervioso. El calor calma localmente.

Disminuyen las enfermedades de la piel. El aumento de la circulación de la sangre en la piel favorece sus mecanismos defensivos ante los elementos extraños (hongos, parásitos...) y se estimulan también los procesos de desintoxicación.

El sol por lo demás es un gran destructor de las bacterias (bactericida), disminuyendo así la aparición de bacterias y otros microorganismos.

Aumento de la transpiración. El aumento de la circulación de la sangre en la piel debido a los rayos de sol da lugar a una mayor eliminación de toxinas.

EFECTOS GENERALES

Síntesis de vitamina D. Con el efecto de los rayos ultravioleta un derivado del colesterol se transforma en vitamina D. Esta transformación puede ser beneficiosa para disminuir la tasa de colesterol en sangre. En la síntesis de la vitamina D aparece así cierta derivación del colesterol. La piel aparece entonces como un gran regulador de nuestro equilibrio interno.

Si se recibe suficientes rayos ultravioleta en la piel se forma suficiente cantidad de vitamina D. y no habrá así necesidad alimenticia de esta vitamina. La vitamina D actúa en la regulación del calcio en el organismo y dirige la calcificación de los huesos.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante el amamantamiento las necesidades de vitamina D necesaria para el lactante deben ser cubiertas mediante la exposición al sol de la mujer lactante (OMS – Besoins en acide ascorbique, vit. D, vit. B 12, acide folique et fer. OMS 1970).

Las personas de edad pueden presentar una carencia de vitamina D, particularmente pronunciada durante el invierno (J. Montagut). La prevención de tal carencia es simple, tomar el sol, de forma más repetida que prolongada, sobre todo en las zonas ricas en UV (mar y montaña). El aporte alimentario rico en vitamina D es limitado en muchas personas por los trastornos de absorción intestinal, frecuente en las personas de edad. Para ellas es vital el alimento solar.

Aparato circulatorio. Se puede constatar un ligero aumento del pulso durante la exposición al sol y la tensión arterial desciende a partir de los quince minutos de exposición. (Aimes y Debay).

Aparato respiratorio. Ocurre una aceleración pasajera del ritmo respiratorio seguido de un enlentecimiento. La respiración se vuelve más profunda y más fácil. En la persona acostumbrada el periodo de adaptación desaparece y se observa de entrada el enlentecimiento del ritmo respiratorio y el aumento de la amplitud torácica (Aimes y Cayla). Ocurre un aumento de la capacidad respiratoria.

Modificaciones humorales. En las personas enfermas bajo cura por sol (helioterapia, helios: sol) se observa corrientemente un aumento de la tasa de hemoglobina y del número de hematíes(glóbulos rojos), y una evolución favorable de la fórmula de los leucocitos (glóbulos blancos). Estas modificaciones van a la par del cambio en la respiración.

Igualmente la luz del sol puede ayudar a bajar el exceso de azúcar en sangre y favorecer la curación de ciertas enfermedades de la piel que están unidas a esta hiperglucemia (exceso de glucosa en sangre)

Se produce una aumento del calcio y los fosfatos en sangre, favoreciendo así la calcificación o remineralización ósea, observada incluso a rayos X.  (Aimes y Cayla).

Acción sobre el sistema nervioso. El baño de sol produce evidentemente una acción eufórica y tonificante, siempre claro está que no se tome en exceso, en cuyo caso el efecto es justo el contrario, de pérdida de energía. La acción eufórica del sol es muy clara, no tenemos más que recordar el carácter de las personas que viven en los países tropicales. El sol tiene también un efecto tonificante sobre los músculos.

Órganos genitales y sexuales. La luminosidad del sol es un excitante de la sexualidad y un dinamizador tanto del cuerpo como de la mente, produciendo un aumento del metabolismo basal. (Pincon, Stanca, Mircea e Ionesco).

En la mujer pueden ocurrir cambios en la menstruación. Por su acción a través de una glándula importante del cerebro, la glándula pineal o epífisis, la luz produce un estímulo de los ovarios en la mujer, acelerando el desarrollo sexual y la aparición de la pubertad. En los países tropicales el desarrollo sexual en las mujeres es mucho más rápido. Hay también por esa vía una acción sobre los ovarios estimulando la formación de óvulos en la mujer. Este aumento del estímulo sobre los ovarios también tiene lugar en los animales y algún listillo de turno se dio cuenta que se puede explotar a las gallinas ponedoras manteniéndolas bajo la acción de la luz artificial durante la noche. Con más horas de luz ponen más óvulos, más huevos.

Como siempre, el exceso puede producir efectos no deseables, como favorecer derrames uterinos de sangre en mujeres con fibroma (tumor benigno del útero). Situación en la que hay que ser muy prudente. En estos casos la exposición al sol durante la regla debería ser pues de corta duración.

Por muchas vías, conocidas o no conocidas, el sol nos nutre y nos cuida. Aunque no podemos olvidar que hay momentos para el sol y momentos para la sombra, la vida es equilibrio entre opuestos.

(Dr. Karmelo Bizkarra)