EL LIRIO DE LOS VALLES

Como el Amado busca a su Amada, así el Amor busca morada donde escanciar.

El hombre generalmente no ve más allá de la superficie. En el plano de tercera, no en vano se le están abriendo los ojos de la mente para que pueda verificar que más qué su forma humana es un ser vivo, una suma de muchas circunstancias en cada uno de sus propios rincones o espacios físicos, mentales y espirituales. Una suma de muchos aconteceres instantáneos que en él conforman la unidad.

Así, tanto en lo pequeño como en lo grande, en lo micro y lo macro, se suscita por igual. Por ejemplo, en el ser vivo que nuestros ancestros conocieron como “La Pachamama”, y que los Maestros Guardianes de los Retiros Interiores han tenido a bien mostrarnos, permitiendo nuestro ingreso mental para que la conociéramos mejor y la amáramos con mayor intensidad, en este proceso de nuestro despertar.

Difícil puede parecer que en la superficie solar vivan seres; sin embargo, los hay. Así también difícil es creer en la existencia intraterrena, pero ésta es real. Por la Tierra, tanto en Rahma como en otros grupos de luz fue intuyéndose y restableciendo la red nodal en la superficie planetaria; aquel enjambre energético o superficie neural que es restituida por el Profundo Amor a través de Los de Las Vestiduras Blancas, a nuestra padecida y paciente Madre Tierra, Celea, que con su esencia complementó nuestra vida, preparándonos para el Parto de la Luz. Haciendo bien nos llenamos de bien.

Difícil para las mentes humanas alimentadas por su ciencia, entender el enjambre energético interior que recorre este maravilloso ser vivo que en Rahma conocemos todavía como Merla, cuyo nombre pareciese poco importar; planeta azul de categoría Ur, que nos ha cobijado en sus brazos y en sus entrañas, en la amorosa y maternal esperanza de gozarse en los designios del Profundo, el día de nuestra ansiada y esperada libertad, el soñado “Día del Anrrom”. “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos heredarán la tierra”, cuerpo glorificado que todos y en todos esperamos alcanzar.

Difícil para la mente humana concebir la coexistencia de los mundos paralelos, físicos, vitales, etéricos, astrales, mentales, espirituales de los que está constituido, como así también, el Ser Divino llamado Merla, cuya esencia nos comparte la esperanza del Profundo depositada en ella y en nosotros.

Difícil para el ser humano llamado hombre aceptar la posibilidad de que otro vea. Difícil aceptar el Amor Divino al que se dice servir, no distinguiéndole que aquél también nos está sirviendo a través de algún hermano, quizás, precisamente de aquel a quien le tenemos en menor consideración. Fue entonces que se alegró mi corazón y exclamé: “Abba, Padre, te doy gracias porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos; porque así te agradó, y se las diste a conocer a los niños”.

Rahmas de esta gran higuera que cubre la Tierra, no desdeñéis a nadie, porque quién sabe si Dios, en la inocencia, pobreza, humildad o carencia que algún hermano manifieste, él le tenga para sí vestido mejor que Salomón, como la más hermosa flor entre los Lirios de los Valles.

El Amor busca morada donde escanciar y se maravilla de las zorras y las aves, no teniendo él dónde posar. ¡Ah, si esta noche la Tierra me extendiera sus rahmas, ésta amaneciera ya plena de luz!