La Gran Escuela del
Amor
Pregunta:
¿Es la vida la gran Escuela del Amor?
Las experiencias que vivenciamos en vidas sucesivas son la mejor y verdadera
escuela del Amor.
Pregunta:
Observamos que muchos que viven parecen no llegar a conocer o comprender
nada al respecto. ¿Cómo ayudarles?
La manera de ayudarles será con el ejemplo. Si otros no adelantan
en la escuela, nosotros mismos no estamos adelantando gran cosa, puesto
que todos somos uno.
Pregunta:
Siendo así, ¿Qué hacer con mundos más atrasados
que el nuestro?
Lo que hizo Cristo con el planeta Tierra: venir a ayudarnos.
Pregunta:
¿Podremos ir a ayudar, entonces?
Antes de poder ayudar a otros debemos aprender a ayudar a quienes están
muy cerca de nosotros. Es decir, no es que sea equivocado tratar de ir
a ayudar a otros, sino que ya que estamos en una escuela primaria o elemental
veamos de ayudar a los que nos rodean sin tratar de marchar a tierras
lejanas (y menos a mundos lejanos) a hacerlo.
Pregunta:
¿Por qué son tan importantes los que nos rodean?
Porque generalmente “los que nos rodean” lo hacen por situaciones
kármicas no resueltas, resultado de errores cometidos en vidas
pasadas y que ahora repercuten sobre nosotros por el Principio de Causa
y Efecto. Por tanto: “antes de ir a adorar a Dios, ve y reconcíliate
con tu hermano”, ¿recuerdas?
Pregunta:
¿En qué forma nos reconciliaremos si nadie recuerda lo que
pasó en vidas pasadas? ¿Quién fue el que faltó
a quién?
Aquel que sea faltado (hoy), está purgando su karma (de ayer).
Y si ejerce venganza o guarda rencor por lo que le sucede, creará
nuevo karma, como ya se explicó anteriormente.
Pregunta:
¿Y si después de maltratado, perdona y olvida?
Pues habrá actuado sabiamente.
Pregunta:
¿Y queda entonces en libertad? Supongamos que tiene un matrimonio
infeliz.
Queda en libertad de la deuda que contrajo antes. Depende de su comportamiento
a partir de aquel momento para juzgar si aprendió o no su lección
de Amor, que no sólo se limita a no hacer el mal sino a practicar
el bien para enriquecer al otro y así mismo. O sea, devolver bien
por mal, y así hacer el saldo positivo.
Pregunta:
¿En que forma es más recomendable “hacer el bien”
en favor de otros?
Tratándolos como si fuéramos nosotros mismos (puesto que
hemos entendido que en realidad lo somos).
Pregunta:
Hay personas que afirman detestarse a sí mismos. ¿Qué
hacer en esos casos?
No creerles, puesto que si algún mal les aqueja pondrán
el grito en el cielo, diciendo ¿por qué a mi?..., sin acordarse
que cada cosa que les sucede no es sino la cosecha de lo que sembraron
anteriormente. Dicen detestarse, pero si pudieran rodearse de riqueza,
honores y placeres no titubearían en hacerlo al instante, pasando
por sobre las cabezas de los demás.
Pregunta:
Cuando se trata de estos puntos: riqueza, honores y placeres ¿Los
debemos mirar como maléficos, o envueltos en pecado?
De ninguna manera: es el hombre el que los envuelve en el mal. La riqueza,
el honor y el placer son dones Divinos y no tienen calificativo en sí;
más pueden ser: la riqueza mal usada (o mal lograda) el honor ficticio
y a costa de una injusticia realizada a otros y el placer de dudosa fuente,
muchas veces dirigido al mal propio o de otros (propio nuevamente). Pero
estas perversiones son propias del hombre común en su ignorancia
de las Leyes. Y así, en vez de procurarse riquezas verdaderas no
hacen sino llenarse de preocupaciones; en vez de honor causarse deshonras
y en vez de placer hacerse daño al cuerpo y al alma.
Pregunta:
En resumen, ¿La riqueza material es dañina?
No puede ser dañina. Y sí lo puede ser. La riqueza no tiene
moral; depende de quién la use y como la use.
Pregunta:
Bien usada ¿Cómo resultará en su aplicación?
Será una bendición para su poseedor y para quienes disfruten
de ella.
Pregunta:
Y el honor, ¿No envanece y gratifica (o estimula) el orgullo?
El honor es un don preciado que uno siente dentro de sí y que no
necesita de reconocimientos ni medallas, que son las que pudieran envanecer
al mentecato.
Pregunta:
Por último, acerca del placer, ¿Qué nos dices?
Todo lo placentero es bueno, siempre que no cause daño a algo o
alguien. Si existe es porque es de Dios y no puede ser intrínsicamente
malo. Pero, si para gozar un placer hay que causar a alguien un dolor,
entonces no es recomendable, puesto que más adelante experimentaremos
el mismo dolor causado.
AMOR
Y PAZ... VUESTROS GUIAS DE MISION RAHMA... |