A PROPÓSITO DE LOS MENSAJES...

Por : Lice Moreno


Estamos en un momento clave en el proceso de la comunicación. Internet ha abierto infinitas posibilidades de relación humana. Podríamos afirmar que Dios, nos ha entregado la omnipresencia. Esto es posible por la capacidad de los medios audiovisuales, y sobre todo, de Internet. ¡Que lejos está la Edad Medía!, donde encontrar un libro era poco menos que imposible, tanto por que la mayoría no sabía leer, como por el hecho de que la información estaba restringida, haciendo que sólo unos pocos iluminados pudieran acceder a un cierta iniciación en el plano del conocimiento. Ahora en Internet, se pueden bajar millones de libros, de cualquier idioma. Se puede establecer una comunicación directa casi instantánea entre gentes de los extremos de la Tierra. Se puede enviar un correo en segundos. Se puede acceder a televisión, radio, o cualquier fuente de noticias.

Ahora más que nunca el ser humano tiene una herramienta que, bien empleada, puede llevarle a un importante cambio sociológico y de conciencia.
Pero este instrumento también puede ser utilizado en forma poco conveniente. De hecho las páginas más solicitadas siguen siendo las de sexo, de violencia y de consumo.

¿A qué viene todo esto? Pues simplemente a comentar cómo en estos años estoy recibiendo miles de comunicados de supuestos contactados, que bien desde el origen divino, al fenómeno extraterrestre, terminan por enviarnos sus supuestos contactos y los supuestos diálogos que al parecer reciben telepáticamente de un sinfín de entidades. Está claro que estos contactados, jamás se han entrevistado con ningún ser, ente o extraterrestre de turno, pero por medio de vaso grafía, ouija, psicografía, etc. etc. reciben verdaderos tratados de metafísica, de profecía o de supuesta sabiduría.

Mi opinión particular al respecto siempre ha estado clara: El noventa por ciento de dichos comunicados no son sino mentalismos propios del "iluminado de turno". Pero ser un contactado lleva consigo una excelente renta egóica, cuando no económica o de servidumbre de sus supuestos adeptos.

Se me ha ocurrido por tanto, transcribir los viejos "contactos" que a lo largo de estos años he divulgado, tanto en la vieja revista de la Asociación Adonai, que en su día fundé, como en otras publicaciones, pero procurando que dichos contactos con extraterrestres fueran físicos; es decir, encuentros del tercer tipo, donde el testigo y la entidad se entrevistan en presencia corpórea.

He seleccionado unos muy representativos, donde se mezclan, lo insólito, con lo religioso, lo dogmático, con lo empírico, lo positivo con lo negativo. Esta selección trata de dar a los que se acercan a este mundillo del "Contactismo" una herramienta comparativa. A fin de establecer una lógica, una ética, y un común denominador de discernimiento, creando así una sana autocrítica respecto de los contactos que pululan por la red.

Yo no me pronuncio ni avalo unos sobre otros. Realizo por tanto una aséptica función documental, dejando a cada cual en libertad de establecer su propio criterio.

Quiero no obstante manifestar que soy un viejo investigador de este fenómeno, que creo en el contacto extraterrestre y de entidades con el ser humano, que he tenido las suficientes pruebas tanto físicas, como espirituales y astrales para reafirmar esta realidad, pero que he advertido y advierto sobre los peligros de adentrarse en este mundillo, sin un claro criterio de racionalidad y de cautela.

He visto mucho fanatismo, muchas mentiras, mucha manipulación. He visto muertos, enfermos mentales, disgregación familiar, traiciones, pánico y abusos de todo tipo, tanto económico, como sexual y de servilismo.

Y especialmente quiero retomar un viejo decálogo que en su día elaboré, respecto de las normas básicas que deben ser aplicadas a los supuestos "mensajes cósmicos" o contactos con el "otro lado". Espero que os ayude:

1.- Si el contacto recibido te adula o te trabaja el ego, no es real y además te lleva a una alteración de la personalidad.

2.- Si el contacto juzga a otro presente o ausente, no es real y en todo caso sería de entidades bajas.

3.- Si el contacto te cita y no acuden, es mejor dejarlo y aceptar que todo ha salido de tu subconsciente. Los extraterrestres, si son superiores, no mienten jamás; si citan, acuden.

4.- Si el contacto divide, jerarquiza o discrimina en cualquier forma, no es verdadero y hay que replantearse el tema o detectar que se está ante un cuadro psicológico.

5.- Si el contacto habla de cosas insulsas o banales, o dice que "hay que amar" o "hay que ser justos", etc... Para esto no necesitamos seres extraterrenos; estas recomendaciones ya figuran en todos los textos sagrados.

6.- Si el contacto te inclina a seguir a un maestro, a un dios o a un arquetipo de la divinidad no es justo puesto que los extraterrestres pasan de "nuestros dioses de carne" y no priman a unos sobre otros. Su mensaje habla de contenido; es decir "priman el mensaje no el mensajero".

7.- Si el contacto invita a vivir en comunidad o inclina los afectos o interfiere en la libertad de cada uno a vivir, a vestir, a sentir o a determinar su forma emocional o psíquica de la vida; no es bueno. Ellos, como el ser evolucionado de la Tierra sabe, no pueden alterar el libre arbitrio de las personas.

8.- Si se busca el contacto sin ton ni son, sin ton ni son se reciben las informaciones, normalmente de uno mismo y no de los seres del espacio que no están a nuestro servicio ni tienen que descolgar el teléfono cuando a nosotros nos da la gana.

9.- Si el contacto es muy largo y lleno de conceptos, ¡ojo! casi todo es producto de tu inconsciente puesto que el fenómeno telepático de contacto es un impulso corto, a medio camino entre lo emocional y lo sensorial que llega en forma de estímulo y luego es el cerebro el que elabora el proceso lógico. Y es en este proceso de elaboración lógica donde entran los parásitos mentales tuyos, tus prejuicios y tus inclinaciones culturales y preconceptos.

10.- Si el contacto es desinteresado, de altura, con informaciones trascendentes, no serviles y que ayudan o tratan de ayudar a uno mismo y a los demás, primero hay que discernirlo, segundo separar lo que es obvio y por último darlo a conocer desinteresadamente.


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