Boletín informativo, Misión Rahma Centro – Perú
“Sólo cuando el hombre descubra
que Dios quiere de él, su grandeza
y su triunfo, sólo aquel día
el renacimiento será cumplido,
el Anrrom terminado
y el libro concedido”
(Oxalc, 18-10-1979)
Por: Francisco Sosa Mandujano
Con el permiso de cada uno de ustedes, empezaré por lo último:
Me desperté pasado los efectos de la anestesia, eran la 03:00 a.m., a la luz de la lámpara del Hospital, lo veía como si fuera la llama de la fogata que alimentábamos en las noches de guardia en nuestro avance hacia la montaña del Pantiacolla, dormido o despierto veía las piedras de todos los tamaños, a la jungla, veía también a los siete y a los catorce, esto me duró el tiempo que estuve en el hospital y mucho más, entendí que así de fuerte era nuestra concentración para avanzar con la responsabilidad a cuestas y está grabado en mi mente cada detalle que trataré de plasmar en este informe.
Me fue difícil aceptar que me encontraba con un metro menos de intestino, a la vez me parecía increíble que había estado en el Paititi reclamando a nuestros Hermanos Mayores y a los Maestros de la Hermandad Blanca sin querer regresar, si no obteníamos la información y el conocimiento que se había anunciado en las comunicaciones:
“…Este viaje supondrá no solo un gran paso en la sincronización de los tiempos, sino que también en la liberación del conocimiento oculto y de los detalles del proceso…” (Oxalc, 31-01-2005)
Bien,
las ideas fluirán a medida que escriba, sólo que Dios
mediante me daré maña para arrancar el tiempo, a mi
ocupado tiempo que tengo con mi hijo Walki Enoc.
Exactamente el 12 de enero 2005, estando en Huancayo, ciudad ubicada en la región central del Perú, al abrir mi correo en el Internet encontré la comunicación del 12-12-2004, era los que estaba esperando, proyectándome desde esa fecha en encontrar la manera de dejar a mi hijo bien cuidado todo el mes de agosto, ya que depende íntegramente de mí, en mi interior sabía que llegaría el momento que deberíamos ir nuevamente al Paititi, al hacer una rápida revisión de mi situación, estaba un tanto atrasado, pues a medida que pasaba el tiempo, cada vez consideraba importante e invalorable la experiencia que me tocó pasar en el viaje que realizamos en noviembre de 1989, que fue el primero dentro de nuestra amada misión, había considerado cumplida mi participación al haber realizado el respectivo informe y distribuirlo a todos los grupos de entonces. Ahora creo que no fue suficiente.
Ya venía escribiendo y esperaba el momento adecuado para publicarlo, fue un error, pues a medida que avanzaban los meses, la imprenta donde estaban laborando, no cumplía los plazos pactados.
Así llego el 13 de mayo donde en la comunicación que todos conocemos se señalaba a los catorce que irían al Paititi, al leerlo me reí, y dije “hermanos, me bajaron la llanta” después lo acepté en el entendido que estarían pesando los 10 años de haber estado inactivo en el grupo.
No bajé la guardia, pues consideraba que en el mes de agosto en cualquier parte del planeta se viviría las experiencias si estábamos preparados, pues los que viajarían al Paititi harían de antenas, para que los hermanos que no fueran físicamente también estuvieran participando del viaje.
Hice un nuevo examen, dispondría de tiempo todo agosto, con mi hijo habíamos decidimos desde enero 2005 donde debía quedarse, el problema era lo económico, estaría resuelto si el libro saliera a tiempo.
Tal como en 1989, los obstáculos se presentaron y no se daban las condiciones, pero tenía presente lo que nuestro Guía Oxalc había dicho:
“…Con respecto al viaje al Paititi, siempre les hemos pedido que confíen en el Plan Maestro y se dejen guiar, si se presentan grandes dificultades, todo ello es garantía de éxito…” (Oxalc, 11-03-2005)
En mi interior tenía la seguridad que viajaría al Paititi y no descuidé mi preparación, hermanos nuevos de Huancayo me apoyaron sin saber que viajaría, a fines de junio escribí a Sixto haciéndole conocer que estaba por salir mi libro y que estaba previsto mi tiempo todo agosto “Dios mediante estaré en el Cuzco, siempre dispuesto a hacer lo que me corresponda…” y Sixto me respondió diciendo “Estate seguro que si por cualquier motivo alguien de los varones señalados faltare, tú serás requerido”.
Esta respuesta a mi me confirmaba, no se ni porqué ni como sabía que iría e intensifiqué la preparación, al salir el libro con la ayuda del hermano Miguel Morales y su esposa María, hice la presentación del mismo en su casa de Lima, y el día 10 de julio por la mañana, antes de regresarme, llamé a Sixto, y me dijo que justo había llegado hacía horas y tenía el día dedicado a su familia, al final me preguntó:
¿Estás dispuesto a cruzar al Mecanto?, la mente como muchas veces me tiene acostumbrado dedujo rápido y con seguridad respondí que si, y me dio un 80% de probabilidad.
Lo sabía -dije- y con Miguel nos estrechamos en un abrazo.
A partir de allí todo empezó a acomodarse para estar en el Cuzco, y más allá, pedí el aval de nuestros Hermanos Mayores, de inmediato llegó la confirmación de Sixto, diciéndome que “Tu participación es la mejor confirmación en tu nombre cósmico, pues eres el séptimo AM…”.
Pero vayamos a nuestro tema ¿Qué es lo que esperaba encontrar en el Paititi, para la misión y en lo personal? Encontrar a esa piedra marrón donde estaba tallado el rostro de un extraterrestre y la flecha que indicaba la ruta a seguir, que con lujo de detalles está narrado en mi libro “En el Paititi, Guiados por los Extraterrestres”
Detenerme allí antes de cruzar el cañón del Mecanto y explicarles mi interpretación a lo que había llegado el 30 de noviembre de 1989, esa fue la fuerza para que mi preparación sea firme.
Creía que si en 1989 había tenido magníficas experiencias a todo nivel, incluso de cuarta, regresaba después de 16 años y tendría que ser mejor en beneficio de la Misión, conociendo de antemano la ruta, el desafío era para mi mismo.
Llegué al Cuzco el 29 de julio, como para afinar mi preparación en el Valle Sagrado, que se plasmó el 30 y 31 de julio y 1 y 2 de Agosto, con experiencias a todo nivel junto a los hermanos Juan Carlos Quispe de Lima radicado en Urubamba, Raúl Morí de Tacna, Carlos Jabat de España, Isabel Bernedo de Arequipa (Chabuca), Nieves Bravo radicada en Urubamba e Irma de Lima, como verán éramos 4 varones y 3 mujeres.
Así
llegó el Encuentro Mundial, y para quienes participamos fue
mágico y lleno de amor, los veo a todos sin excepción,
aquí detallaré solo las experiencias que para mi fueron
relevantes
HUAYPO
Fue el lugar de contacto entre todos, el día 4 de agosto por la mañana, después de escuchar al hermano Francisco Quesada de El Salvador su experiencia de contacto con las siete naves, me acerqué a los guardianes (campesinos contratados para apoyarnos) en los que destacaban Pablo y Waldimir, luego de saludarlos les pregunté si habían estado despiertos toda la noche y si era así qué era lo que habían visto, entonces Waldimir habló y lo grabé. Había sido teletransportado (claro que él no sabía lo que le había ocurrido, además la hora de su experiencia coincidía con la hora en que Francisco Quesada estaba contactando), también me refirió de que había dado su ronda nocturna, cual fiel cumplidor de su trabajo, dio vuelta por todo el campamento que estaba delimitado con banderines y cuando quería regresar, de pronto se encontró en la cercanías de una casa, sin explicarse como había llegado hasta allí.
La explicación para nosotros es que nuestros Hermanos Mayores tenían que apartarlo para no causarle daño, puesto que la vibración en ese momento era tan fuerte por el contacto que estaba teniendo el hermano Francisco Quesada.
Cuando Sixto acompañado por otros hermanos pasaron por donde estaba con Waldimir, les conté la experiencia, y dado que el grueso del grupo estaba ya trabajando, Sixto de inmediato hizo que se lo contase a todos, haciéndome la presentación de que sería uno de los que cruzaría al Mecanto.
No se imaginan ustedes la sensación que viví ese momento, fui aplaudido sin merecerlo, ahora era conocido, cuántos de los hermanos allí presentes seguramente hubieran deseado estar en este puesto privilegiado, pero todos me apoyaron, me dieron su aliento, me abrazaron deseándome lo mejor y yo les prometí no defraudarlos esta vez.
Hasta los cocineros contratados al enterarse no sé como, que yo iría al Paititi, sin que se dieran cuenta nadie, me duplicaron el desayuno diciendo “Panchito va ha ir al Paititi y tiene que estar bien alimentado”
MORAY
Ah Moray, Moray, Moray querido, eres espectacular, eres mágico, encantador y enigmático, nos diste a cada uno el derrotero de nuestra Misión y el porque estábamos en tu seno.
Integré el cuarto grupo junto al hermano Gabriel de Uruguay, Jesús de El Salvador y otros tantos hermanos muy amables y entregados a la misión. Cuando fuimos a trabajar al segundo círculo que estaba identificado como el “círculo mental” y en verdad lo era, después de protegernos y elevar nuestra vibración con las vocalizaciones, al estar concentrado vi. que detrás de mí, estaba parado un ser alto pero con rostro reptiloide, nos contemplaba burlonamente, parpadeo y se frotó los ojos con su mano escamosa.
La experiencia en este aspecto me ayudó esta vez, ahora no era ningún incauto como en 1981 cuando me tocó enfrentar al maligno y dije mentalmente con firmeza. “Hasta allí llegaste y no podrás avanzar más, pues hemos venido a limpiar este lugar y así será y no vuelvas más”, al instante desapareció.
Cuántas experiencias de este tipo se habrán vivido en verdad, nuestros Hermanos Mayores sabían el porque nos indicaron llevar a cabo el encuentro allí.
El día 7 de agosto en la ceremonia de entrega del Disco Xolar, llevada a cabo por la organización tan estupenda que estuvo a cargo del hermano Carlos Chiy Kam, en mi concentración vi el resultado del trabajo.
Coincidentemente la ceremonia se realizó en el “círculo mental” y los que íbamos a viajar al Paititi al centro del circulo, formando otro circulo, con la mirada al exterior. Allí recibimos el apoyo y el amor sincero de todos los hermanos. En el trabajo que se realizó, percibí con claridad que en el circulo donde nos encontrábamos y que es grande se formó un cuadrado, al medio de ese cuadrado se formó otro circulo, al medio de ese circulo se formó otro cuadrado, y por último se formó al centro de ese cuadrado otro circulo resplandeciente en su integridad, como si fuera un espejo redondo dorado muy brillante, de algún lugar lo contemplaba, no había nadie más y este circulo empezó a descender dejando abierto un orificio circular perfecto, descendía más y más al fondo de la Tierra, nuestro amado planeta y tuve mucha pena, con ese sentimiento le pregunté ¿Por qué te escondes Disco Xolar? y seguí hablándole –diciendo- Hemos venido a activarte y tu te escondes; cual sería mi vehemencia en ese momento que el Disco, liso, brillante, como queriendo consolarme ascendió pero sin llegar a la superficie. Gracias amado Disco, -dije- debes estar en el lugar que te corresponde y no esconderte –todo lo decía mentalmente-, como si me entendiera, empezó a descender nuevamente pero más al fondo, y esta vez me llené de alegría, había entendido el mensaje.
Nuestra estadía en Moray no había sido en vano, nuestro trabajo había tenido sus resultados, todo esfuerzo estaba compensado y la Madre Tierra complacida de la labor de sus hijos, con la voluntad de todos los hermanos presentes en Moray y de los hermanos que estaban trabajando esa fecha en todo el mundo, no solo habíamos activado nuestro Disco Xolar y del Disco Xolar mayor, o movido la energía de nuestro sol y del sol manásico, sino lo más importante, habíamos activado el Disco Xolar de nuestra Madre Tierra.
Comprendí que lo que descendía al fondo era el Disco Xolar terrestre ahora activado, que agradecida, limpia y pura regresaba al centro mismo de la Tierra, al núcleo terrestre.
Entonces hay esperanza, sí se puede cambiar el curso de los acontecimientos en la unión, la fraternidad y con la voluntad de todos nosotros que somos hijos de la Madre Tierra.
En Huaypo supe de muy buena fuente cómo habían sido llamados los que conformarían el grupo que iría al Paititi, entendí también que cada uno nosotros tenemos una función que cumplir, y con el esfuerzo y apoyo de todos (presentes y ausentes físicamente) se debía realizar este viaje.
Dado
que el viaje ya fue expuesto por los informes de Lorena, Sixto,
Cristian, Valentín y Patries, lo que narro aquí es
desde mi punto de vista, Un informe personal.
08-08-2005
Para muchos tal vez no fue importante, pero lo que se vivió es este viaje lo ha sido.
Comparado con 1989 el viaje desde el Cuzco a Atalaya fue un lujo, aquella vez fuimos encima de un camión lleno de combustible, cerveza y panetones, ahora íbamos en un bus turístico, el trayecto que hicimos de noche ahora lo hacíamos de día y lo que hicimos de día ahora los hacíamos de noche, complementándose así una visión más amplia del recorrido, la carretera afirmado se encontraba en buen estado a diferencia de 1989.
A lo largo de la carretera contemplábamos localidades como Huayllatambo, Urayayllu, Huancarani; y pasando Huayllapata vimos la reforestación realizado por las comunidades campesinas con extensas plantaciones de pino, embelleciendo el paisaje, así pasamos por Sayllapata, Mika y las chullpas incaicas que están por encima de la carretera, llegamos a Ishigua, esta vez deseba contemplar a Tres Cruces, pero estaba cubiertas por nubes, pasamos a mi recordado Pillahuata, la catarata, ingresamos al hermoso valle del Kcosñipata, y en Patria estábamos a las 5:33 p.m. Hasta aquí todo me parecía casi igual, muy cerca está Pilcopata, pero era otro Pilcopata; a diferencia de 1989 en que había unas cuantas casas, un hotelito, una que otra bodeguita, ahora estaba convertida en una pequeña ciudad con energía eléctrica, teléfonos, hoteles, restaurantes, discotecas y mercado en la calle principal. Había progresado y nos alegró.
Después de cenar, proseguimos viaje llegando a Atalaya a las 9:11 p.m. alojándonos en el hotelito “Tropical” de Griselda Huamán.
09-08-2005
Esta vez no llegaríamos a Shintuya, no era necesario, sabíamos que el río Palotoa desemboca antes de Shintuya, pero en Atalaya no hallamos los botes por lo que se contrató otro bus.
Salimos a las 10:33 a.m. cruzando el río Carbón (límite natural entre Cuzco y Madre de Dios) pasamos por Salvación, capital de la provincia del Manu a las 10:53.
Llegando a las 12:10 p.m. al Embarcadero 250, se contrató dos botes, siendo los pilotos Ignacio y Guido que tenía el número 14 en la espalda (señal de que estábamos bien) de uno y Claudio y José Luís del otro.
A la 1:10 p.m. arrancaron los peque peques por el río Alto Madre de Dios, íbamos río abajo con la idea de que de pronto estaríamos surcando el río Palotoa, pero el río al expandirse, y el peso los peque peques hicieron que estos no pudieran avanzar, por lo que tuvimos que caminar por la orilla y por el agua, dándonos alcance los peque peques algunas veces, y en otras nos esperaban; el encanto de la selva y la alegría de que todo iba bien nos produjo una excesiva confianza, iba al último ayudando a Juani y seguía a una distancia prudencial al grupo, cruzando varias veces al río; el tiempo transcurría y no aparecían por ningún lado los peque peques, empezó para nosotros la primera prueba, eran las 2:15 p.m., estábamos perdidos, sólo con nuestros envases de agua, fue la prueba para medir nuestra reacción ante tal circunstancia; luego de una larga búsqueda organizada a las 3.50 p.m. estábamos junto a los peque peques, lo que había pasado es que el grupo caminó de frente por el río Alto Madre de Dios y los peque peques se desviaron por el río Palotota, un error tanto de ellos (los boteros) como nuestro
La tensión, el hambre y el tiempo nos decían que no podríamos llegar a Palotoa, tendríamos que acampar, yo estaba dispensado de hacer guardia esa noche, por encontrarme un tanto débil, al no haber tomado el desayuno, pero extrañé mucho a las hermosas mariposas y a las luciérnagas y al bullicio de la selva que había disfrutado en 1989, mariposas y luciérnagas ahora eran escasas, pensé que el silencio se debía tal vez al ruido del río.
10-08-2005
Sixto que estaba en la última guardia a las 5:40 a.m. nos despertó, para partir con rumbo a Polotoa; por Guido, que se quedó con nosotros en el campamento supe que Josefina, la niña de 11 años que en 1989 estaba de novios con Pancho Machiguenga, vivía al frente de nuestro campamento y, como si supiera que estábamos allí, entre varias mujeres y niños en la orilla opuesta en lo alto de un acantilado nos estaban contemplando, la intuición me decía que allí estaba Josefina y a todo pulmón grite ¡¡¡JOOSEEFIINAAA!!! al mismo tiempo que agite la mano en señal de saludo, y una mano femenina se elevó respondiendo el saludo, grande fue la emoción de ver a quien había sido en 1989 nuestra interprete y traductora para podernos comunicar con los machiguengas, Miguel repitió la acción y Josefina respondió de nuevo, esta vez no pudimos encontrarnos.
Era un honor para mi caminar junto con Sixto, Roy, Cristian, Carlos, Rafael, Valentín, Miguel, Isabel, Maribel, Aurora, Patries, Juani y Lorena por la orilla intercambiando impresiones; cruzamos al río varias veces y Patric encontró la primera piedra negrita y redondita, vimos a los guacamayos cruzar en lo alto, el río se hacía cada vez más bajo y a las 10:08 a.m. con nuestras mochilas al hombro hacíamos ingreso a la comunidad nativa de Palotoa-Teparo, nos encontramos con Julio y Pancho machiguengas, a quienes les preguntamos por todos aquellos que habíamos conocido en 1989.
Habían pasado 16 años, ellos no nos recordaban mucho, como nosotros de ellos, pero Miguel se encargó de hacerlo, ¡Julio! yo soy Miki Miki; Miki Miki, ¿recuerdas? y Julio en su inocencia reía, Pancho yo soy Miki Miki; Miki Miki, yo Miki Miki, estábamos nuevamente con los machiguengas que en 1989 nos condujeron a Pusharo; Julio y Pancho no hablan castellano y al escucharnos solo decían “si” o “no” y se reían. Pero a Pancho machiguenga, mi tocayo, tenía que preguntarle por Josefina, toda su respuesta fue ¡Escapó!
Oscar era el presidente de la comunidad y como tal pensábamos que nos dejaría avanzar, nos solicitó el permiso del INRENA y no teníamos, en nuestra decepción la voz sonora de Lorena inundó el ambiente del local escolar que gentilmente no ofrecieron los lugareños, cuando terminó lo festejamos, solo la armonía podía superarlo y Cristian empezó a destacar por sus bromas tan acertadas, así nos poníamos en manos del Padre Eterno pues él sabia lo que hacía.
El sol brilló fuerte y aprovechamos para secar todas las cosas mojadas, mientras Valentín y Lorena lo pasaban bien con los niños y niñas. Sixto siempre responsable buscaba la forma de dar solución al impase. Ahora veo y entiendo que los hilos invisibles de Dios hacían su trabajo y Eustaquio, quién habla castellano y según nos dijo era el profesor en años anteriores, tenía una radio para comunicarse, pero como se comprenderá, por el poco uso que le da casi no lo toman en cuenta, intentó comunicarse con el hermano Carlos Chiy Kam quien se encontraba en el Cuzco, sin ubicarlo, aumentando nuestra preocupación, el teléfono del hotel había respondido que Carlos había entregado su habitación.
Las horas avanzaban, hacíamos tiempo con los niños; al fijarme bien, uno de ellos era negrito, ingenuamente me pregunté, si la raza negra tenía que ver en esto, al poner atención, era solo que ese niño estaba pintado totalmente y en los demás la pintura estaba desvaneciéndose, otros niños tenían la cara pintada a medias, otros los pies, otros las manos, mi interrogante sería aclarado por el profesor de la escuela Lucio Illpa Luna, natural de Puerto Maldonado. La costumbre de los machiguengas –dijo- es que los pintan a los niños como protección de la piel, de los malos espíritus, del susto y enfermedades con una resina extraído de una planta llamada wito.
Satisfecha mi curiosidad y siendo la 1:00 p.m. algo tenía que hacer, orar, y me fui a la capilla, tratando de meditar; el sofocante calor me envolvió en un ensueño y al despertar vi en mi pantalla mental un cerro triangular y sobre su vértice estaba un sol radiante que me impresionó, luego de un rato, habiendo descansado me puse a meditar allí en la capilla, deseando recibir algún mensaje; el mensaje llegó pero no de los guías sino de las aves, me sorprendí estar escuchando claramente en su canto que me decían que no debíamos preocuparnos: “tranquilo, tranquilo, tranquilo; tranquilo, tranquilo, tranquilo; tranquilo, tranquilo, tranquilo” repitió 9 veces y se calló.
Debo recordar que en el viaje de 1989, desde el Cuzco me acompañaron unas visiones y una voz sin voz, esta vez era el canto de los pájaros invisibles, pues jamás logré verlos, por más que me esforcé.
Los demás hermanos hacían siesta, al acompañarlos soñé que llegar a Pusharo no sería fácil, alguien de nosotros jalaba con fuerza a otro, dado que se había enganchado su machete con unas lianas de la selva.
Luego alguien entró a la capilla, eran 4:33 p.m. y me preguntó si íbamos a las Pirámides, me dijo que había escuchado así y que él quería ir también, dijo que no era de allí, había llegado desde Quillabamba y era de la tribu Piro.
A las 6:06 p.m. aparecieron al fin las luciérnagas que las estaba extrañando (pero no habían muchas como en 1989), mientras compartíamos la cancha (maíz tostada) que el profesor Lucio nos invitó.
Todos ingresamos a la capilla a meditar en grupo, en mi meditación me dieron el número 88 como número del Padre, seguidamente el número 89, en ese momento era una incógnita para mi. A las 8:40 p.m. Lorena cantó de nuevo una bella canción como solo ella sabe hacerlo; luego la incertidumbre y el agotamiento físico nos llevó al descanso.
11-08-2005
Me desperté y me fui a la capilla a orar e interpretar lo que había soñado, en mi sueño, aparecí en el primer viaje de 1989, y al regreso, un grupo de alumnos de un colegio me había escogido para hablar en una ceremonia importante sobre ese viaje, yo decía que necesitaba estar puro y limpio, buscaba una ducha y antes de la ceremonia el hermano Pedro Santos (quién ya no está con nosotros físicamente y fue el esposo de Juani) enseñaba a todos los asistentes como activar a las piedritas o diamantes que tenían forma de corazón, que entregaba a todos; la activación se hace –dijo- mediante una actitud, con la mano izquierda lo elevaba y con la derecha lo recogía. Entonces activar es una actitud fue mi interpretación, tenía seguridad que Pedro estaría acompañándonos en el viaje cuidando a Juani.
Al tomar desayuno a las 8:00 a.m. el profesor Lucio freía plátano que compartió con nosotros, para colaborar agarré el machete intentando partir la leña, al terminar me sentí sin fuerzas, esto me hizo tomar conciencia que estaba con déficit de alimentación desde Atalaya, tendría que recuperarme poco a poco, haciendo respiraciones, tomando energía vital de la Madre Naturaleza.
Como se comprenderá estábamos detenidos por algo y había que confiar en el Plan Mayor. No sabíamos lo que pasaría este día, Cristian a las 8:50 a.m. daba clases en la escuela, a las 9:30 fuimos todos a la orilla del río a ver lo que habían pescado los nativos con barbasco, allí escuché otro canto de un ave, el mensaje decía Paz, paz, paz; Paz, paz, paz; Paz, paz, paz.
Rafael encontró una piedra que tenía forma de corazón, y cuando retornamos a la escuela, el niño Omar, llegaba tarde pero sonriente y feliz trayendo en su brazo un boquichico grande que apenas podía alzar, para que preparen el almuerzo; los niños toman desayuno y almuerzan en común unidad en la escuela. Omar mostraba su trofeo para compartirlo con todos sus compañeros, tendrían ese día un suculento almuerzo.
Para los machiguengas el concepto de tiempo es diferente al de nosotros, ellos no llevan ninguna prisa, no tienen ningún apuro, pasan los días, semanas y no les preocupa en absoluto.
A las 9:40 a.m. María, la esposa de Eustaquio nos comunica que no hay autorización para pasar a Pusharo y que la policía forestal del Parque Nacional del Manu estaba en camino y llegaría para confirmar el impedimento.
Aurora y Cristian aconsejan guardar la calma, tendríamos que hacer algo ese día, fui designado junto a Roy para ir a Shintuya, eran las 10:40 a.m., los machiguengas Roberto o Rubén nos llevarían, pero se demoraban tanto, dado que estaban en una masateada (tomando harto masato). Oré al Padre pidiéndole que la radio nos enlazara con Carlos en Cuzco, eran 11:30 a.m. mientras en la orilla del río esperábamos a los boteros, seguí orando para que nos fuera positivo en la misión a Shintuya, hablé a Dios y la Madre Naturaleza, a las 11:50 Valentín nos dio alcance comunicándonos que la radio había ubicado a Carlos, ahora todo dependía de Carlos en Cuzco y sólo quedaba esperar.
Recobrado el ánimo y más positivos, la capilla era mi lugar favorito, al salir me encontré con Marlene Estrada Miguel, policía forestal del INRENA, a quién le agradecí su llegada, que estábamos esperándola para su autorización y proseguir nuestro viaje. ¡No pueden pasar! Fue su respuesta. Ese momento los machiguengas hacían pasar en carretilla un tremendo zúngaro, lo hacían los más fuerzudos, la comida para la comunidad estaba asegurada.
Comprendí el por qué ellos cuidan su hábitat, ningún extraño depredador puede pasar, dado que la naturaleza les provee el alimento y todo lo que necesitan.
Después de almorzar a las 2:24 p.m. Oré al Maestro Jesús pidiéndole nos hiciera pasar para cumplir sus designios, la capilla resultó perfecta para meditar y descansar.
A las 6:00 p.m. la selva ya estaba oscura, siempre me quedaba cuando Sixto y otros hermanos iban donde estaba la radio en la casa de Eustaquio. Esta vez un impulso me hizo preguntar a Sixto ¿puedo ir? –vamos- me dijo. El aparatito estaba en un altillo, yo me ubiqué debajo, me puse en actitud de meditación, pidiéndole al Maestro Jesús que el enlace se realizara. Eustaquio, después de varios intentos logró contacto con 250, luego con Cuzco, al fin Carlos nos daba la buena noticia; en tan pocas horas, la gestión de Carlos dio sus frutos, pero a costa de perseverancia, sólo él sabe como consiguió el permiso, pero todo estaba siendo movido por los hilos invisibles, todo esto era para soportarnos, para unirnos, elevar la vibración del grupo. Nos faltaba dialogar y hablamos todos, saliendo a flote el sentimiento de cada uno sobre el viaje, quedando que debemos fortalecer mucho más la unidad. Eran las 9:33 p.m. con el respectivo buenas noches nos dormimos seguros que mañana seguiríamos viaje.
12-08-2005
Me desperté a las 5:33 a.m. fui a la capilla a meditar, Miguel ya estaba allí, al finalizar escuché el canto del ave que esta vez decía: Pasen, pasen, pasen; Pasen, pasen, pasen; Pasen, pasen, pasen; debo precisar que no eran las mismas aves, eran distintas en cada canto, parecía que se hubieran puesto de acuerdo de hacerlo en determinado momento.
Estábamos protegidos por el Padre, nosotros nos entregamos a su voluntad.
A las 6:57 a.m. Sixto pagaba el derecho de pase hacia Pusharo al secretario de la comunidad Guillermo Cabrera. Al vernos felices alistándonos nuestras mochilas, los machiguengas se ofrecieron en ayudarnos.
Vayan ustedes caminando con Pancho, Miguel, Goro Goro y Roberto, mientras nosotros nos encargamos de sus equipajes –dijo Eustaquio-, ante tal audaz propuesta, todos nos miramos y empezamos a empaquetar nuestras mochilas en los plásticos, tomamos cada uno nuestro mosquitero y nos fuimos en fila india, todo el pueblo salió a despedirnos, eran las 9:00 a.m.
Luego de dos horas llegamos a un tambo-albergue que están terminando de construir la comunidad, para futuros turistas.
Aurora, que tenía un cronometro especial, señaló que habíamos caminado 7 kilómetros en dos horas dos minutos, a las 11:20 pasamos por la casa de Japón, y Miguel nuevamente: yo Miki Miki; Miki Miki; Miki Miki yo, ¿recuerdas?, Japón un tanto aturdido, con su joven esposa sólo nos miraban serios, y a las 12:30 Sixto reconoce el lugar del encuentro con el altomisayo Alberto Huamaní, que en 1990 se presentó como el guardián de la ribera, ahora la comunidad machiguenga cumple esa función.
A las 12:50 p.m. la temperatura llegaba a 33º y seguimos avanzando.
Luego a las 1:33 p.m. cruzamos un río y los machiguengas nos dijeron que era el Aguaroa, y a las 2:00 p.m. estábamos en Aguaroa donde sólo vive Soro Soro con su familia, el calor era sofocante por lo que nos metimos al agua tal como estábamos con la seguridad de que pronto llegarían nuestro equipaje y no llegó, mojados totalmente, en silencio sólo nos tocaba esperar, las horas avanzaban y el hambre se hacía presente, eran las 6:00 p.m. y debíamos tomar alguna decisión para pasar la noche, hubo dos opciones, quedarnos allí alrededor de una fogata o aceptar la invitación de Soro Soro que tenía su casa a unas cuatro cuadras de donde nos encontrábamos.
Miguel nos animó por lo segundo; con la única linterna y guiados por nuestra intuición ascendimos cuidándonos entre todos donde debíamos pisar, al llegar a la choza en desuso que tenía Soro Soro, sin mediar palabra nos ubicamos sobre unas esterillas que habían colocado y nos dieron un par de frazadas, yo me encontraba en uno de los extremos, tratando de “acomodarme”, teníamos los zapatos mojados y en la oscuridad empezaron las “caricias” de toda la fauna en miniatura por todo nuestro cuerpo, felizmente todos teníamos los mosquiteros.
El “niño” Valentín que siempre estaba con su cámara digital a la caza de quienes nos dormíamos, ese momento en la oscuridad también lo hizo.
Como nadie se quejaba de los molestosos insectos, pensé que sólo de mí se habían prendido y me aguanté; pronto el silencio se convirtió en risas generadas por Cristian que a cada insecto le iba poniendo nombres.
En medio de la risa, el cansancio producía sus efectos y hablándoles mentalmente a las molestosas cucarachas me aprestaba cerrar los ojos y pasar la noche, entre sueños escuché
¡son ellos! ¡son ellos!, luego de nuevo el silencio, eran las 9:00 p.m. no entendía lo que estaba pasando, lo relacioné con que los Hermanos Mayores estarían a nuestro lado, con la respiración retenida estábamos atentos y escuchamos el motor del peque peque.
Sixto se levantó rápido, tomó la única linterna y salió con Aurora e Isabel, yo reaccioné tarde, pensando alcanzarlos, al salir estaba totalmente oscuro y no podía moverme más allá, esperé alguna señal o el silbato que para tal caso nos habíamos provisto; no vi ni escuché nada.
Sixto nos dijo después, que se había cansado de soplar el silbato y al no encontrar respuesta, regresó con las linternas, a las 11:00 p.m. estábamos armando las carpas y a las 00.00 horas bañándonos en el río para poder dormir.
13-08-2005
No conocía las comunicaciones de Aurora ni la de Lorena, nuestros hermanos mayores habían dicho:
“Retroactividad
en el tiempo, dos días más, tranquilidad y paz. El 13
entrarán (al muro) y el 14 pasarán (al
cañón)”. (Joaquín, 10-08-2005)
“…todo
está en el plan, no se desesperen y disfruten el momento, pues
este les enseñará como cruzar el muro, siendo
niños;
ya que sólo ellos pueden atravesar el templo y sólo
para ellos no pasa el tiempo. Fíjense en el lugar, han
regresado a la escuela a repasar información recibida, a
retornar a sus orígenes más puros, mañana
partirán hacia sus destinos, verán con alegría
como todo se soluciona…”. (Oxalc,
11-08-2005)
Este viaje, así como el anterior de 1989 nos aguardaba sorpresas, pues nuestra vida está llena de pruebas, Aguaroa nos probó a todos, pero el plan tenía todo previsto, teníamos que ir muriendo a los egos, estábamos en la fecha prevista en las comunicaciones, así es que todos los retrasos que habíamos tenido, no nos afectaron.
Aurora tenía una lucha interna desde Huaypo, allí en Aguaroa vería confirmada la comunicación del Maestro Joaquín, por el otro lado a Juani no le fue difícil aceptar; la polémica fue superada como sabemos hacerlo, con diálogo y amor.
Rafael acuñó una frase que resumía nuestras peripecias ¿quieres Paititi?, ¡toma Paititi! y ante alguna dificultad en el camino, se escuchó repetir.
A partir de aquí cada uno se haría cargo de su mochila y no lo soltaríamos más, eran más que suficientes las lecciones. A las 9:00 a.m. con mochila al hombro y con el equipaje completo guiados sólo por Roberto y Aníbal hijo de Soro Soro (dado que Pancho y Miguel machiguengas se habían regresado a la comunidad) marchamos hacia Pusharo, las nubes cubrieron al sol y esto nos ayudó en nuestro propósito y a las 10:20 a.m. descansando contemplamos a los hermosos guacamayos que pasaron volando sobre nosotros.
A
las 11:53 a.m. Juani me comenta un mensaje que había recibido:
“Escuché
y fueron escuchados, las energías serán renovadas”.
El corazón me empezó a latir fuerte al reconocer el lugar donde en 1989, estaba el paraíso de Cachan, a unas cuadras del Muro, llegamos a Pusharo con la emoción al tope, dimos gracias al Padre y a las 12:33 p.m. estábamos en el petroglifo, tan impresionante como aquella vez, sólo que ahora el piso estaba más alto.
Amigos y hermanos, el viaje lo hicimos todos; la nostalgia se apoderó de mí, pues en la selva como en todo lugar, 16 años no pasan en vano, todo estaba cambiado, el cause del río; el lugar donde en 1989 tuve la experiencia de cuarta, que se encuentra frente al Muro, ahora estaba lleno de monte, impenetrable diría, pero el riachuelo sobre el cuál había visualizado el puente de oro en 1989 sí estaba, lo veía más claro y transparente y al tremendo peñón donde aquella vez retumbaba el Shinkebeni lo vi intacto, allí el corazón se conecta con otra realidad, no sabes de donde viene tanta pureza, tanta verdad, tanta paz, tus anhelos son cumplidos y nos estrechamos en un abrazo de verdadera hermandad allá en Pusharo.
En la meditación, parecía entender el porqué estaba allí de nuevo; jamás pensé que en una de mis vidas anteriores había estado allí, pues la leyenda de la infancia de Tarzán como lo conocemos, era ahora la mía, esto me sobresaltó de tal manera por su claridad.
Aparecía un bebe envuelto en unas hojas secas de plátano, cuidado como por unos gorilas amorosos, pero su apariencia eran un tanto grotesco que me sobresaltó, entre varios gorilas me cuidaban en el monte, el lugar lo reconocí, era donde tuve mi experiencia en 1989, no puede ser –me dije- no puede ser ¿gorilas aquí? Esto es descabellado me decía, entonces recordé a los niños machiguengas pintados del Palotoa-Teparo, yo se los narro tal como me vi, ahora como siempre, la interpretación pueden ser de distintas maneras, no pude ver más, por que me sobresalté con la visión, pero tenía la seguridad de haber vivido allí. Estaba en mi terruño.
Luego a las 5:35 p.m. alistábamos lo necesario en víveres, medicina, ropa, las carpas que usaríamos en adelante.
14-08-2005
Era el día esperado para mí, de aquí en adelante sería la CONTINUACIÓN DEL PRIMER VIAJE y así fue, lo digo en mayúscula.
Estábamos en nuestra casa, había vibración. En la despedida de los 7 de Pusharo, era el corazón el que hablaba y elegí a Cristian para pedirle un consejo. Y le pregunté -Ahora que ya nos conocemos un poco más, ¿cuál sería tu consejo para mi de aquí para adelante, amado hermano?
Cristian no lo pensó, parece que esperaba mi pregunta, su respuesta fue clave para llegar al Paititi.
Lo único que te puedo decir –dijo- con cariño y autoridad: Apóyalo a Sixto.
Ahora tenía más clara mi misión en este viaje.
Gracias hermano -respondí- y un gran abrazo selló el encargo, y sentí que era el de todos ustedes.
De entrada teníamos que mojarnos al cruzar al Shinkebeni, mientras las manos de nuestros hermanos se agitaban efusivamente, dándonos el valor, la energía que íbamos a necesitar para cumplir el encargo y no fue nada fácil.
Todo era distinto a 1989, el cauce del río era totalmente diferente, empecé a intuir que las tres puertas de piedra, la piedra marrón donde estaba el rostro del extraterrestre y la flecha que marcaron la ruta en 1989, ya no estarían.
Estaba seguro de su ubicación, fue tal la impresión que quedó grabado en mi mente, ahora era todo distinto, así llegamos al cañón, impresionante e imponente, mi alegría se desbordó, pues en 1989 habíamos estado a punto de cruzar al cañón conocido el Mecanto; aquella vez nos fue imposible, porque el río estaba cargado, ahora estaba bajo, allí el corazón es el guía, estábamos ahora como aquella vez, sin la guía material de los machiguengas; la misión era valernos por nosotros mismos, si lo hubiéramos hecho guiados por los machiguengas, no se hubiera abierto la Madre Naturaleza, ni la Dama de Luz se habría hecho presente.
El cañón es una caída en picada de dos inmensas piedras y donde terminan, el agua estaba empozado y profundo; rodeados de tremendas piedras que hacían difícil cruzarlo, calculamos que el agua nos cubriría totalmente y nos mojaríamos todo, esto nos hizo buscar otra opción, lo haríamos por trocha, por la ruta de nuestro lado izquierdo, tal cual era la ruta señalada en 1989.
Me pareció fácil sortear el cañón, abriría trocha e iría adelante; aparecieron los escollos, la jungla estaba enredada por las constantes caídas de los árboles, ramas y malezas; esto me hizo buscar por otro lado, para lo cuál se tenía que ascender, esto se repitió varias veces y cada vez más elevado, había que subir; las opciones eran avanzar o regresar, nosotros teníamos que avanzar, pero el peso de la mochila, el machetear a las ramas y el ascenso hacían que la tupida selva semejase un horno, donde el sudor era abundante; confieso que nunca había sudado de tal manera, empapado totalmente, me arriesgaba a encontrar una salida, pero sólo encontraba un profundo abismo; el esfuerzo era grande, y continuar se hacía imposible, empezaba a reconocer que había fallado, pero allí estaba el hermano y amigo Roy para apoyarme.
El destino nos había juntado nuevamente para que entre los dos continuáramos aquel viaje trunco de 1989.
Fe hermano –me dijo-
Fue lo suficiente para volver a tener seguridad, hasta que encontramos grandes piedras descubiertas por el paso del agua; recobré la confianza en mí mismo, en el Plan y en el apoyo de todos los grupos que sabíamos que estaban apoyándonos a la distancia.
Ha pasado agua por aquí, y esto llega al río -deduje- y pedí que los demás hermanos me esperen para explorar, no estaba equivocado, bajé y bajé saltando las piedras grandes, otras veces rodando, hasta que divisé al río que estaba muy abajo, mi alegré ese momento; luego pensé si los demás hermanos estarían de acuerdo y lo podrían hacer, era difícil y resbaloso y un mal paso podría ser fatal.
Dejé mi mochila y ascendí de nuevo a avisarles. Isabel con voz en cuello me estaba llamando desde hace rato, un tanto desesperada.
Roy, diles que encontré por donde debemos bajar –grité- mientras tomaba todas la precauciones y buscaba las alternativas de bajar sin causarnos daño, buscaba el mejor lugar para pisar y algunas veces el mejor estilo de rodar, las mochiles son útiles en estos casos, te protegen de los golpes a la espalda en un resbalón y los guantes cumplían su función.
Felizmente nadie se cayó, ni golpeo, era increíble; nuestra concentración tenía que ser de rigor.
Agotadísimos llegamos al río y al ver al cañón, habíamos avanzado un poco más de 100 metros, pero lo habíamos sorteado, me sentí culpable del tremendo desgaste de energía cuando recién empezábamos. A Sixto lo noté serio, pero ya estábamos a orillas del río, Sixto se agachó al río y metió toda su cabeza al agua cristalina, al levantarse su expresión cambió, pues encontró una piedra con forma de corazón y con su sonrisa característica la mostraba; seguramente encontró muchas respuestas.
Este hallazgo me hizo sentir renovado, era curiosamente simbólico, me aseguraba que lo que habíamos pasado estaba en el plan y no debería sentirme mal, mas al contrario alegrarme porque el equipo respondió.
“Este equipo está para dar mucho más” –pensé- me sentí orgulloso de integrarlo, no hubo ninguna queja.
Y en los comentarios salió la frase bien conocida “Retroceder nunca, rendirse jamás” eso resumía todo la aventura.
Sorteado el cañón comprobé que en 1989 estábamos a punto de hacerlo, pero por el lado de nuestra derecha o margen izquierda del río, revivió en mi mente toda la interpretación que había dado a las tres puertas de piedra y al rostro del extraterrestre.
Ahora continuaríamos aquel viaje y pensaba que ya estábamos cerca y que nos estarían esperando, al recordar una comunicación que había leído:
“…los
viajes próximos, no serán ejercicios físicos, ni
preparación interior solamente, iremos a vuestro encuentro en
forma clara y no sutil. La necesidad de concretar el contacto
físico
está dispuesto por los mayores y acordado en el último
Concilio Cósmico” (Rumilac y Sampiac,
29-12-2004)
Al avanzar y cruzar al río, apareció el macizo donde habíamos estado, tan alto que nos parecía increíble; fuimos dejando atrás al Mecanto, el caminar era algo suave, pero habíamos hecho un desgaste de energía física, todo era compensado con la paz y la hermosura del lugar; la selva virgen en todo su esplendor y pureza, nos impresionaba, allí sólo cantan los pájaros invisibles que su mensaje me decía esta vez: Sigan, sigan, sigan; Sigan, sigan, sigan; Sigan, sigan, sigan.
Esto me decía que la comunicación, no se cumpliría y tendríamos que seguir para adelante.
Durante mi preparación en Huancayo, en el mes de mayo tuve tres experiencias.
Me vi penetrar en una cascada y en un túnel lleno de agua donde había muchas serpientes que iban delante de mí como guiándome, estaba seguro que esto me ocurriría en el Paititi.
Me vi que estaba en el Retiro Interior del Inca, que me estaba esperando, era joven, al acercarme se asemejaba mucho a Sixto.
Pasando el Mecanto uno de los siete debía ser llevado a Morlen por tres días.
Estas experiencias las conocían en mi grupo, en ese tiempo nadie sabía que viajaría.
Estábamos en la fecha clave 14 del 08, nuestros cuerpos necesitaban alimento y descanso, por lo que a las 2:30 p.m. nos detuvimos para acampar en un lugar encantador, amplio y seguro, resguardado por un acantilado, donde ni los otorongos se atreverían a saltar sobre nosotros, era alto y a ambos lados habían cauces de otros ríos, por donde los animales pasarían en la noche a beber agua del río sin que les molestáramos, pues los rastros de toda clase de animales nos decían que habían muchos, que estábamos en su territorio y nos estaban observando.
Había
que confiar, pues las comunicaciones lo decían:
“… para complementarlo les digo que así como fue a través de una hembra de la especie que se sentaron las condiciones para el surgimiento de la humanidad propiamente dicha, será a través de mujeres que las puertas serán despejadas de toda interferencia, como para que se produzca el traspaso definitivo de la humanidad hacia esa otra realidad que le aguarda. Ese traspaso será el “gran parto planetario”, por ello 14 personas acompañarán el viaje hasta la puerta del Paititi, pero solo 7 de ellos cruzarán el Mecanto, cuatro hombres y tres mujeres y llegarán guiados por la “Dama de Luz”, hasta donde deben llegar. Una vez que estén del otro lado serán 8, porque la Madre los acogerá, no teman, serán guiados y protegidos todo el tiempo…” (Oxalc, 31-01-2005)
Después de asearnos y lavar nuestras ropas, dado que había tiempo, Roy se alejó para planear como avanzaríamos lo más rápido desde allí en adelante; realizamos nuestro trabajo espiritual (cadena por nuestro amado planeta y por todo lo que sentíamos ese momento), nos organizamos para realizar las guardias y para secar la ropa en la fogata, la cual mantendríamos toda la noche como medida de seguridad, por lo que nos aprovisionamos de bastante leña y Sixto denominó al campamento “Pantiacolla I” que nos gustó.
Las guardias serían en pareja y en tres turnos de tres horas cada turno, de las 20:00 a 23:00 horas el primero, Aurora sería mi compañera de guardia; de las 23:00 a 02:00 el segundo, donde los designados fueron Isabel y Roy, y el tercero desde las 02:00 a las 05:00 horas estarían Sixto y Maribel, Carlos estaría exonerado para que pueda descansar bien, para poder avanzar el día siguiente, esa sería la mejor ayuda de su parte.
Con Aurora nos conocíamos desde el “contacto anunciado” en Marcahuasi en Agosto del 2002, ahora teníamos la oportunidad de conocernos más.
A
diferencia del día, en que estuvo a punto de llover, la noche
se presentó estrellada, nuevamente como en 1989 las Tres
Marías o sea la Constelación de Orión se
mostraba hermosa, para mí era la confirmación que este
viaje era la continuación de aquel primer viaje de 1989.
15-08-2005
La noche transcurrió tranquila y a las 6:00 a.m. dejábamos, este bello lugar, con la idea de avanzar los kilómetros que nos faltaban y así recuperar el retraso causado por sortear al Mecanto.
Roy nos animó a recorrer lo que había planeado, el plan consistía en acortar la ruta y así ganar tiempo, pero en vez acortar la distancia, nos alejábamos más y más; teníamos que retomar la ruta del Shinkebeni sin regresar por el mismo lugar, nuestra decisión ahora era no desviarnos del Shinkebeni. Así que tendríamos que rodear y rodear.
Las lagartijas o iguanas de todo tamaño pasaban por nuestro lado y en un recodo una sachavaca pequeña estaba bañándose, al vernos salió del río con mucha paciencia, más adelante apareció a nuestro frente un hermoso venado grande color de una vicuña, su pelaje brillaba, no tenía premura alguna, con toda calma prosiguió su camino y se internó en el monte, los rastros de los animales aumentaba por todos lados.
El esfuerzo era grande, íbamos por terreno pedregoso, aguajales, y cuando nos cerraba el paso, cruzábamos al río, esto ocurría muchas veces, así seguimos avanzando, ayudándonos unos a otros y llegó la inspiración:
Avanzando por el Shinkebeni,
cruzándolo muchas veces,
vamos los rahmitas,
al encuentro con los Maestros.
La melodía la copié de alguna canción que me gusta y la cantaba a cada hermanita que le ayudaba a cruzar el río, dándole aliento y valor para hacerlo más llevadero el duro trajín, y a todos les gustó la canción, así íbamos aprendiendo y completando las letras.
Cabe destacar lo que cada uno de los siete hizo para avanzar, sin excepción, en algún momento, dirigido por su intuición y su corazón tomaba la delantera “jalando” al grupo, las veces que lo hice fue cuando el terreno era más fácil, para apurar el paso, pues suponía que nos faltaba mucho.
A Dios y a la Madre Naturaleza gracias, el día estaba nublado, las “puertas” se nos abrieron de par en par, cuando caían unas gotas de lluvia, Isabel con toda autoridad y esa energía femenina decía: ¡que no llueva! y el clima de inmediato parecía obedecerle, cambiaba y no llovía, esto ocurrió en tres oportunidades desde el día anterior.
El cansancio se hacía presente y Carlos ya mostraba signos de no poder más, habíamos penetrado a una zona peligrosa, de tremendas piedras; el río era de mayor correntada, parecía cerrarnos el paso, teníamos que seguir; pero no había cuando salir de este estrecho, áspero y largo tramo, entre las montañas en picada a ambos lados.
Se veían las huellas dejadas por los animales que arrastraban sus presas por encima de las piedras, algunos al parecer de varios días, otros aún frescos por la sangre derramada; buscando por donde seguir, me reservaba de avisarles a las hermanitas para no asustarlas, porque confiaba plenamente en la protección de La Madre Tierra.
Aquí en este paso estrecho y peligroso es cuando sentí claramente el apoyo de los siete de Pusharo y el apoyo de todos los grupos del mundo.
Mi agradecimiento especial a cada uno de ustedes por su apoyo, sin el cual de seguro no estaría contando este viaje.
Estaba cansado como todos, pero una fuerza llegaba a mi interior, alentándome, llenándome de fuerzas que no conocía en mí.
No se si lo conté ya, pero a diferencia de 1989 en la que una voz sin voz me acompañó desde Pilcopata, ahora era reemplazado por el rastro de los animales y el canto de los pájaros invisibles, que me decían esta vez: Peligro, peligro, peligro; Peligro, peligro, peligro; Peligro, peligro, peligro. Esto me hizo tomar todas las precauciones para no dar paso en falso y cuidar más a las hermanas.
La tarde parecía avanzar más rápido por lo nublado y lo difícil del terreno en el que nos encontrábamos; nos era imperioso dejar este lugar, dado que no había donde acampar, ni había leña. En ese estado, encontramos piedras tallados (trabajadas) y al querer descubrir su procedencia nos internamos en la tupida selva; las piedras visibles a la orilla del río eran las que habían caído más lejos, pero las principales y más grandes estaban intrincados con los tremendos árboles, deduciendo en ese momento que de lo alto de la montaña se había precipitado un huayco, arrastrando a un puesto de vigilancia de la ciudad inca, las circunstancias del momento no nos permitió investigar más, ni tomar las fotografías adecuadas, pero la teníamos clarita.
Nuestro pensamiento estaba en salir de este lugar cuanto antes, porque si la noche nos atrapa aquí sería terrible, pensábamos.
Sin quejarse las chicas avanzaban, el que iba quedándose era Carlos, hasta que en un momento a duras penas se quitó la mochila y se tumbó sobre una piedra; de inmediato, pensé que el peso de la mochila era el impedimento, y sin mediar palabra al alcanzarlo la tomé y la puse sobre la mía; sentí el peso pero había que avanzar, al verme Sixto y Roy me siguieron y me dieron alcance, mientras que las tres chicas atendían a Carlos.
Estaba en nuestra mente encontrar un lugar para pasar la noche y este no aparecía, en esas circunstancias, Sixto siempre atento nos dijo que posáramos junto a una piedra tallada (para nosotros el hallazgo más importante del viaje), esta vendría a ser la maqueta de la ciudad perdida de los incas, que se encontraría cerca de allí.
Si este hallazgo lo hubiésemos hecho en mejores condiciones, habríamos explorado mejor; ahora nos urgía encontrar donde acampar, teníamos que decidirnos o la noche nos impediría hacerlo; apareció un pequeño espacio en medio de tremendas piedras y allí dejamos las mochilas para regresar por los demás, la fuerza de las mujeres había superado a la debilidad de Carlos y juntas avanzaban, al verlas nos alegramos; pensamos que nos estarían esperando; eran admirables, eran las “súper chicas”. Demostraban la valía del espíritu femenino en esas circunstancias tan difíciles como especiales, eran las 6:00 de la tarde y rápidamente armamos las carpas, una sobre otra, pues el lugar no daba para más y lo bautizamos como “Pantiacolla II”, ese día habíamos caminado 12 horas seguidas con algunos intervalos de descanso, con una taza de chocolate caliente con harina de kiwicha como desayuno y en el camino tomábamos agua potabilizada. Maribel nos preparó la cena que era una delicia.
Teníamos que estar en alerta máxima, después de haber visto la sangre regada en las piedras, consideré que Isabel no debía hacer la guardia porque estaba mal, al cumplir el turno encargué a Aurora que le dijera que no se preocupara, seguiría de largo acompañando a Roy; estábamos en un lugar estrecho y pasamos la noche lo mejor que pudimos, cuando llegó las 5:00 a.m. dije a Roy que dormiría una hora.
16-08-2005
A las 6:00 a.m. me desperté con el pensamiento de que este sería el día decisivo, levantamos el campamento, las hacendosas hermanas nos sirvieron el desayuno.
Sixto siempre previsor, nos dijo que no estaba seguro que las fotografías del día anterior en la maqueta de la ciudad perdida saldrían bien, dado que las cámaras se habían mojado, así, antes de emprender el viaje regresamos con nuestras ropas secas, estaba cerca; cumplido nuestro objetivo al regreso anoté en mi libreta: “Tercer día, hoy llegaremos”.
El cañón era difícil, piedras, piedras y más piedras, la correntada era más fuerte también, pues el cauce iba ascendiendo.
El apoyo a Carlos los días anteriores eran esporádicos de mi parte, pero este día las miradas se clavaron en mí y el lenguaje de las almas hablaron que ese día apoyaría a Carlos en exclusiva para poder avanzar, las “súper chicas”, Sixto y Roy alternaron la delantera en forma espontánea.
El estrecho cañón continuaba, los follajes y la floresta impedían ver lo que había en la selva virgen, nuestra concentración tenía que ser firme, pues al menor descuido podríamos resbalar y caer sobre las piedras o al río.
El problema era el peso de Carlos, tenía buenos zapatos Nº 46, según mi punto de vista eran mejores para dar un buen paso, pero para Carlos fue difícil, parecía que quería “levitar” cuando lo recomendable era pisar firme, la solución era dar pasos cortos, le propuse que caminara muy cerca de mí, que mirara donde pisaba cada pie, daría pasos cortos y así podríamos avanzar seguros, al parecer la sugerencia no fue de su agrado, y eso le costó.
Iba delante de Carlos sólo con diferencia de dos pasos, en un lugar en que era imposible resbalarse; pero eso le ocurrió; cuando gritó, di rápido la vuelta y vi que en su desesperación giró no queriendo caer al agua y se dio de bruces golpeándose el pecho con todo su peso en una piedra picuda, sentí su dolor como si a mí me estuviera ocurriendo, de rebote cayó sobre el agua, mi reacción tenía que ser veloz, salté al agua antes que la correntada pueda vencerme con su peso, saqué todas mis fuerzas para ayudar al hermano, había visto que el golpe era fuerte y tenía que actuar rápido, los demás hermanos estaban adelante y lejos, solo grité ¡esperen!. No se si me habrían escuchado.
Que desesperación era para Carlos, a punto de desmayarse, noté que su respiración podía detenerse, no podía respirar, pasó a la agitación; a como de lugar le hice sentar recostado en una piedra, estaba totalmente mojado.
¡Tranquilo hermano! ¡Tranquilízate! Estoy contigo, no te agites, tenemos que controlar la situación, hazme caso por favor –le dije-
Inhala lo más lento que puedas, lo más despacio, retenga, retenga, retenga, ahora exhala lo más lento que puedas. Al mismo tiempo le hacía imposición de manos.
Carlos me obedeció, hizo lo que le indiqué, respira lo más lento que puedas Carlos y confía –repetí-.
Al abrir mis ojos vi que mi mano derecha estaba envuelta en energía verde brillante que se dirigía hacia el pecho de Carlos. Era increíble, ese momento era canal de la energía de sanación. Agradecí a Dios por poder ser útil ese momento.
Carlos se recuperó rápido y cuando le ayudaba a salir del agua, Sixto apareció a nuestro lado, ya todo pasó –le dije- pero no estaba el sombrero de Carlos. Sixto buscó hasta más abajo, la corriente se había llevado para siempre.
Para seguir avanzando tendría que estar más atento y más cerca de Carlos, al alcanzar al grupo que nos esperaba descansando, Carlos era amonestado con firmeza por Maribel (su esposa), Isabel y Sixto haciéndole recordar que sólo él había decidido participar de este viaje, -tienes que dominar a tu mente que te está traicionando- escuché decir, mientras pensaba: si supieran lo que le pasó a Carlos, no lo harían. Pero Carlos demostró su grandeza, soportó estoicamente, eso me asombró, porque en otros momentos reaccionaba y respondía rápidamente. Pero de todo se aprende.
Luego tenía que alcanzar a Maribel e Isabel que habían tomado la delantera, para pedirles que no le dijeran nada por ahora, pues no conocían lo que le había pasado, y así fue, ya no hubo más recriminaciones; de todo esto Carlos había sacado una enseñanza, lo dijo y repetía “Solo el hombre salvará al hombre”.
La ruta estaba resultando demasiado dura y al fin dejábamos atrás a este segundo cañón, al cruzar de nuevo al río al estar ayudando me resbalé y me golpee el pecho de manera semejante a Carlos, eso me hizo pensar que mis fuerzas estaban agotadas y tendríamos que cortar camino; desde mi ubicación contemplaba y planeaba hacer menos esfuerzo, para lo cual tendríamos que cortar camino por trocha, internarnos en la jungla; la intuición me decía que si era posible.
Sixto me preguntó. ¿Pancho, que sientes?
Que nos falta poco -dije con seguridad-.
Más adelante la voz sin voz que me acompañó en 1989 se hizo presente, no lo podía creer, eran las mismas palabras “EL RETIRO INTERIOR ESTA DENTRO DE VOSOTROS”, claro, contundente, y mi respuesta fue de protesta ¡ESO YA LO SÉ AMADOS HERMANOS!, en mi mente se clavó el recuerdo de aquel 30 de noviembre de 1989, pero rápido la voz sin voz me habló de nuevo, “SI, LO SABEN, ¿PERO ACASO LO HAN LOGRADO? Ahora sí que me dolió en el alma. Las fibras más sensibles de mi ser habían sido tocadas y lo veía claro, pero ¿para esto vine hasta acá? Este es la enseñanza de este viaje –pensé-.
Y la lucha en mi interior se desató puesto que lo había recibido en forma clara.
Al fijarme la hora, eran las 12:00 m. Carlos me seguía de cerca y yo seguía al grupo de lejos y de esta lucha me sacaron mis adoradas mariposas, que las estaba extrañando; la selva era distinta a hace 16 años, en aquel tiempo las hermosas mariposas estaban en todo lugar durante el día y por las noches estaban las luciérnagas, ahora no se hallaban como aquella vez.
Pensé
entonces que las mariposas eran una señal y mi alegría
fue enorme, -lugar de hermosas mariposas, creo que falta poco-
escribí, para luego cantar la canción que ya había
aumentado:
Llegando al Pusharo,
sorteamos al Mecanto,
no fue nada fácil,
pues
la Madre nos probó.
Avanzando por el Shinkebeni,
cruzándolo muchas veces,
vamos los rahmitas,
al encuentro del Señor.
En gran número, mariposas de todos los tamaños y colores empezaron a rodearme en vuelo alegre y colorido, así me siguieron como 20 metros: ¡Que sensacional!
La felicitación de mis adoradas mariposas llegó, una mariposa totalmente blanca y grande se posó en mi muñeca derecha, ¡mira Carlos, que maravilla! –dije levantando mi mano- Carlos también se puso contento con este acontecimiento, que yo sentía como un recibimiento, como si fuera una bienvenida; rezagados íbamos con Carlos por la margen derecha del río, pero todos ya dábamos señal de agotamiento físico, así teníamos que cruzar otra vez al Shinkebeni.
El sol en este el tercer día nos sofocaba, estaba en su punto más alto. Sixto iba adelante, el terreno era más accesible en comparación a lo que ya habíamos pasado; Maribel, Isabel, Aurora y Roy optaron por descansar; Sixto, caminando como autómata dio vuelta para ver al grupo, luego siguió lentamente; él ahora caminaba adelante solo, pero con esperanza, su corazón era un tumulto con las piedras que nos habían llenado de golpes cuando menos queríamos, pero siguió adelante, siempre adelante, impulsado por Dios hacia una tierra ya conocida, nuevamente dio vuelta en el momento que junto a Carlos dábamos alcance al grupo, no le perdí de vista, hasta que después de caminar un poco más se sentó sobre una piedra con la cabeza gacha y sin haberse quitado la mochila.
Seguro que no se levantaría hasta que llegáramos a su lado, opté también por hacerlo un rato, hice respiraciones profundas, pero el sofocante calor me llevó a un estado de ingravidez, donde escuché voces como ecos; la voz de Cristian resonó en mi mente, ¡Apóyalo a Sixto!
Levanté la cabeza, todos dormitaban; al mirar a Sixto, se encontraba más encorvado aún, el peso de la responsabilidad de seguro le hacía recordar tiempos pasados y los tiempos por venir; pero estaba allí siempre adelante; bajo el quemante calor como en el desierto donde los santos y profetas son purificados para los grandes propósitos de Dios.
Bebí agua, para contrarrestar el calor; todo lo que nos rodeaba estaba en silencio, pero había un poder que nos movía, la resistencia humana parecía estar acabada y cual metal estaba lista para la mano del supremo hacedor.
Encontré fuerzas en la palabra de Cristian, nos separaban de Sixto unos 150 mts. más o menos.
Hermanos, saquemos fuerzas, vamos, el hermano Sixto nos está esperando, iré en su ayuda –dije-
Sentí que había llegado el momento de apoyarlo; era el momento, decididamente avancé hasta donde se encontraba y en la mitad (entre él y el grupo) encontré un rastro fresco de zapatilla pequeña, claramente definida que se dirigía al río.
Pensé que se trataba del rastro de Sixto que habría bajado al río a refrescarse, luego recordé que no le había visto pasar por allí, ni dirigirse al río; ¿o lo habrá hecho cuando dormitaba? –me pregunté-, entonces me di cuenta que no tenía lógica mi pensamiento, pues Sixto se encontraba en el mismo sitio, no había razón para que regresara un trecho para refrescarse, teniendo agua cerca de él.
Me pareció muy raro, pero estaba solo y no tenía a quien comentárselo ese momento, solo podría comprobarlo con su huella al alcanzarlo; mi pensamiento se concentró como decirle que lo apoyaría, conociéndolo un poco y sabiendo de antemano que no me lo permitiría, pero allí estaba presto a hacerlo.
Al llegar a su lado era evidente el agotamiento, “Hermano, vamos a continuar, los demás están bien y ya vienen, ahora me toca apoyarte” –dije-.
-Pancho, ¿Esta agua del riachuelo es la misma que la del río? –me preguntó- sin levantar la cabeza.
Mi mente dedujo rápidamente lo que había planeado desde más abajo, que se podría cortar el camino, pero el agua del riachuelo no era la misma agua del río, eso estaba claro, además tenía otro color y estaba en un nivel más alto. No sé por qué, pero tenía seguridad que esta vez mi intuición no me fallaría, rápido respondí. -Sí, es la misma-, haría el camino más corto a punta de machete, había un impulso desconocido dentro de mi para contestar de esa manera, sabiendo que no era la misma agua.
Entonces vaya adelante –dijo Sixto-
Luego le ofrecí agua; mientras observaba alrededor, encontré un piedra negra grande, no tan redonda pero que me alegró y compartí con Sixto diciendo, mira lo que encontré, este me lo llevaré al regreso y lo puse sobre una piedra triangular, el mas grande que había allí, esto ya no era raro para los hermanos, pues en la esperanza de señalar el camino para regresar, en cuanto podía a lo largo de la ruta iba señalando con una piedra en alguna parte visible.
Al darnos alcance el grupo; Isabel pronunció –Panchito y sus piedras-
Tomé el machete y empecé a abrir trocha orientándome por el riachuelo, pues no tendría que alejarme; al inicio me resultó sencillo, luego se fue complicando, lo que me obligó a salir al riachuelo; avancé por el agua, entre las piedras para entrar otra vez al monte; iba adelante, Aurora me seguía, a ella Maribel, Isabel, Carlos, Roy y Sixto.
El paso se complicó aún más, -pero esta vez no fallaré, no fallaré- me repetía a mi mismo, avanzando por el agua, el monte y nuevamente por el agua, llegué donde se encontraban dos piedras diferentes a las que habíamos visto, de color marrón y que tenían una forma especial.
–Mira esa piedra Aurora –dije-, me di cuenta que el planeamiento que había hecho me estaba fallando, pero el camino se me abrió y el riachuelo tenía un recodo hacia la derecha.
El grupo empezó a protestar, dado que el camino se hacía difícil y desde luego perderíamos las pocas fuerzas que nos quedaban y mucho tiempo en vano; en el fragor de golpear el machete escuché que me decían que debíamos regresar antes de aventurarnos a más.
“Retroceder nunca, rendirse jamás” –recordé- pues tenía seguridad que mi planeamiento hecho desde antes ahora no podía fallar.
El camino se me abrió para internarnos más, pero el grupo mostraba disconformidad, era mi responsabilidad sacarlos a como de lugar, sin darme por vencido; el esfuerzo de abrir la trocha me empapó de sudor, me orienté y avancé hacia el lado izquierdo, avanzando un poco más, di vuelta para ver si me seguían o habían optado por la retirada. Aurora, ¿Nos siguen todos? –pregunté-
Aquí fue que los hilos invisibles, como los llamo, hicieron su trabajo; Aurora con esa personalidad que le caracteriza, me alentó.
¡Dale Pancho, dale, sigue, sigue, tú puedes!
Y si que podía, esta vez por nada podría fallar.
Veía los rostros de todos los hermanos rahmas que conozco, en especial a los de Huaypo y Moray, y las fuerzas se renovaron, sentía el aliento de todos, era el trabajo de todos los grupos, todos estábamos en el viaje, ese apoyo de hermandad a la distancia se hizo presente allí, y con nuevos bríos, despejé el camino; para luego aquietar mi respiración para escuchar algo y orientarme; escuché el sonido de río frente a nosotros, esto me alegró, pues estaba en buena dirección, luego de un rato, salimos.
Vi que el río daba otra curva amplia; me encontraba totalmente agotado, creo que el último sudor salía de mi cuerpo y decidí descansar, tomar agua, hacer respiraciones profundas y recuperar fuerzas.
Todo el grupo salió del monte y prosiguieron el andar, -descansaré hasta que el grupo diera vuelta y se pierda de mi vista, recobrado y con respiración controlada les alcanzaré, debe faltar poco y nos hemos ahorrado tremenda vuelta al caminar por el monte- pensé.
Era un triunfo para mí y solo festejaba.
Mientras cabizbajo descansaba sobre una piedra, con mochila y todo; los demás hermanos estaban viviendo otras cosas y de pronto empezaron a abrazarse, a gritar.
Lo hicimos.
Llegamos.
Si se pudo.
Al poner atención en que me estaba perdiendo del festejo, la fuerza apareció y, como impulsado por un resorte me paré y avancé. El triunfo era de todos sin excepción, de los que estábamos allí, de los que estaban en Pusharo y principalmente de todos los hermanos del mundo que nos estaban apoyando.
Es loable del trabajo y apoyo que hicieron, pues a todos personalmente les sentí, de otro modo no se habría podido llegar, GRACIAS HERMANOS AMADOS, muchas gracias, el Señor Dios los bendiga a cada uno de ustedes.
Como si hubiera dado un salto, estuve junto a los seis hermanos, con mochila y todo me subí a la tremenda piedra gris a abrazarlos.
La Santa Montaña estaba a nuestro alcance, un rostro perfecto mirando al cielo; cómo describir ese momento, nuestra alegría era inmensa, era increíble que habíamos llegado con tremendas dificultades, pero también con tremenda responsabilidad de ser dignos representantes de la Misión y de la humanidad, vocalizamos Rahma y ahora si las fotografías no podían faltar.
Sixto siempre atento nos dijo -miren, una esfera luminosa salió de lo que sería el ojo de rostro y se eleva-, al mirar era tarde y no lo vi.
Más calmados, Maribel encontró dos piedras, de esas negritas y me contaban que antes de llegar encontraron o vieron un rastro pequeño.
¿Quién estuvo allí? Recordé con exactitud lo que había visto sólo antes de llegar al lado de Sixto, entonces me fijé en su rastro, era más grande y tenía diferente moldura.
Los hermanos habían deducido que era los pasos de una mujer “La Dama de Avalos” el espíritu de la Madre Tierra.
Pero si ese mismo rastro yo he visto más abajo –les comenté- esto nos confirmaba que estábamos siendo recibidos. La Madre nos había recibido, con un sol abrasador, ¿se imaginan si los dos días anteriores hubiésemos caminado con ese calor?
Después de nuestra emoción, ahora venía la parte mental.
Ya hemos llegado y ¿qué? ¿cuál es el siguiente paso?
La inquietud me hizo recordar que el camino me había sido mostrado y que debía seguir, pero como no había llegado todavía la señal me desvié al lado izquierdo a fin de sacar al grupo de allí, con nitidez reviví ese momento y me acerque a Sixto diciendo -hermano, si esta es la Montaña, entonces el ingreso es por donde estaban esas dos piedras, por el riachuelo, a mi se me mostró el camino-.
Él me respondió.
Claro –dijo- (recordó su experiencia de viaje astral en España), al llegar, el riachuelo estaba a la derecha y al regresar el riachuelo estaba a la izquierda, es exactamente por donde me quedé sentado.
Allí dejé la piedra que encontré –respondí-
-Exactamente-, contestó.
Tomamos la decisión de regresar, no por la trocha, sino por el río; darnos esa tremenda vuelta, esta vez no ayudé a nadie y regresé al último buscando piedritas paititianas, pude comprobar que por el río era bien difícil y largo con pozas profundas.
Pero fíjense como hemos sido inducidos; la forma como habíamos encontrado a esas dos piedras especiales, al haber cortado el camino; si hubiésemos seguido el cauce de río, el riachuelo hubiese pasado desapercibido y tal vez otra sería la historia.
La piedra que puse de señal, señalaba ahora la ruta de ingreso al Paititi, y desde allí también se contemplaba a la Santa Montaña con un poco de dificultad por los árboles, La Madre Naturaleza nos acogía en una playita y armamos nuestras carpas, bautizándolo como “Pantiacolla III”, almorzamos y luego de descansar un rato, intercambiando experiencias, decidimos que teníamos que explorar de nuevo hasta las dos grandes piedras y más, estaba seguro que ingresaríamos al retiro interior.
¿Qué piedras? –preguntó Isabel
Allí al fondo hay dos piedras grandes y marrones que tienen una forma especial –respondí-. Sin mochila, estábamos livianos.
Pancho, vaya adelante –sugirió Sixto-
Vamos –dije tomando el machete-, ahora trataría de repetir la hazaña anterior, había más libertad de movimiento y podía ver a todos lados, me parecía increíble que nos hubiésemos aventurado por ese lugar; en alguna parte habíamos dejado nuestras huellas, esto me ayudó para no desviarme, hay un buen trecho hasta las dos piedras, al llegar Isabel preguntó.
¿Por aquí hemos pasado antes?
Claro que si –le respondí-.
¿Pero como es que no vimos a estas piedras?
La mayoría las hemos visto –contestó Sixto
Pero si estas son las mismas piedras que están en el río Plátano, en Honduras. –afirmó Isabel.
Es que al caminar por la selva, tienes que concentrarte donde vas a pisar y muchas veces no te da tiempo de fijarte otros detalles, esto le pasó a Isabel, pero ahora estábamos felices, puesto que las circunstancias, las causalidades o “los hilos invisibles” nos habían llevado hasta allí.
Hicimos dermóptica, lo que vi, al parecer no tenía que ver nada con el propósito.
Me encontraba más al fondo donde había una cascada o catarata, pasando por un lado había un túnel lleno de agua y serpientes, sabía que no debía temerles, sino hablarles mentalmente para que me guiaran; tal cual mi visión en Huancayo, las serpientes iban delante mío, era tan real, pero me desconcentré, estaba con las manos y la frente sobre la piedra.
Me quedé atónito, esta visión se cumplirá –pensé-, debemos seguir.
Recordé el camino que se me abrió y dije que podríamos continuar, todos estuvieron de acuerdo; hice un comentario, que desde 1989 sabía, se me había dicho que a partir de allí seríamos guiados solamente por los animales.
Vamos a avanzar un poco más –dijo Sixto
No se imaginan la alegría que sentí, el camino para mi estaba abierto e iría adelante; sorteaba de manera fácil los inconvenientes y llegamos a un lugar vacío y circular causado por el agua, para mi el camino seguía abierto; me lancé decidido, macheteando para poder avanzar más, nadie me siguió. Escuché entonces a Sixto que me llamaba.
¡Pancho regresa! –dijo-, pensé que algo malo estaría ocurriéndoles y regresé rápido.
El camino está abierto, podemos seguir –dije-
No, -respondió Sixto- con todo el esfuerzo que hemos tenido que pasar, hemos llegado hasta acá, ahora les toca a los Guías y a la Hermandad Blanca.
Tenía coherencia este planteamiento, pensando que había recibido algún aviso, tuve que aceptar.
La lucha interna nuevamente me decía que era la única oportunidad que teníamos para avanzar y llegar al retiro interior; me sentí frustrado, esto se acrecentó al ver desde allí a la Santa Montaña que se encontraba sobre nosotros, estábamos al pie de la montaña, no faltaría casi nada y estábamos en una hora adecuada para explorar, ¿Será todavía en un tercer viaje? -me pregunté-.
Nos habíamos internado bien adentro, estábamos tan cerca, a las puertas; seguí pensando como animarles a seguir, dándome cuenta que me había equivocado, había hecho antes un comentario tal vez desatinado para el momento, seguramente cada uno de nosotros en silencio veía los rastros de los animales por doquier en el riachuelo; esto a mi me alentaba en vez de darme temor, pues a partir de allí los animales nos guiarán al Paititi.
No pude hacer ni decir nada, la decisión estaba tomada, debía ser obediente a nuestro guía de Tierra.
En ese pozo seco, nos pusimos en círculo para que el espíritu femenino de Maribel nos conecte con la Madre Naturaleza.
Luego regresamos al campamento, para otra vez será –pensé-, tuve que guiar al grupo de regreso por la enmarañada selva.
Se apoderó de mí una desilusión, en silencio trataba de darme valor, suponiendo que algo tendría que darse en la noche.
A sugerencia de Roy hicimos ayuno silente esa tarde, y por la noche, alrededor de la fogata; analizamos todo lo que habíamos logrado hasta ese momento; cuando desde lo alto de los árboles que se encontraban en la margen derecha del Shinkebeni, bajaban unas luces, Carlos nos avisó y al verlos me pareció ver unos seres de blanco bajar hacia nosotros, eran mis entrañables luciérnagas, que venían en circular y raudo vuelo hacia nosotros. Una de ellas se posó en los pies de Aurora; lógicamente era una señal, esto nos hizo feliz a todos, confieso que nunca las había visto tan cerca, y menos las había tocado; eran pequeñas con unos ojos grandes que iluminaban, ¡Que maravilla!
La
primera guardia la harían esta vez Isabel y Roy; luego Maribel
y Sixto, decidí dormir fuera, en el lugar que había
entre las dos carpas; quería desquitarme, contemplar el
firmamento del Paititi que se encontraba estrellado, me programé
pidiendo a las jerarquías superiores que me dieran
entendimiento, que me develaran algunos misterios y lo más
fácil para mi sería en sueños, pero el cansancio
pudo más.
17-08-2005
En sueños alguien me hablaba diciendo que después de 16 años había llegado al Paititi un 16 de Agosto, estando ya en 17 de agosto (8) que también sumaban 16, este es el doble del número 8 que es el número de la Madre Tierra, y que el 33 estaba encerrado en ello”.
Me desperté tratando de recordar este mensaje en su integridad para no olvidarlo, eran la 01:00 a.m. me acomodé para seguir durmiendo, cuando escucho a Sixto y Maribel que estaban de guardia, hablaban con toda serenidad; al poner atención, decían que cuatro objetivos del viaje estaban cumplidos y que al amanecer retornaríamos, dado que los 7 de Pusharo estaban preocupados. Tuve pena de mi mismo, regresaría sin haber logrado lo que me había propuesto y para lo cual me sentía preparado.
Seguramente en la dermoptica Sixto logró mayores cosas, que aún no nos contó –pensé- y bastaría que sólo uno pueda lograrlo, para que estuviera justificado el viaje; los demás habríamos servido como apoyo. Con esa satisfacción me volví a dormir, me pareció que no pasó ni un minuto y me despertaron para cumplir mi turno en la guardia con Aurora.
Aticé la fogata, acerque más la leña y construí mi asiento de piedra como a mi me gusta, para sentarme cómodo y otro para Aurora; sacamos provecho a la ocasión, dialogando mientras tomábamos una sopita caliente con kiwicha.
Pude
conocer de primera mano lo que a Aurora le había dicho el
Maestro Joaquín en Huaypo, así mismo le conté lo
que me había ocurrido a mi; éramos dos hermanos que no
estábamos previstos de estar allí, pero los “hilos
invisibles” se movieron para que así sea, algo tendríamos
que aportar.
“Sí Axion (nombre cósmico de Aurora), irás más de lo que está dispuesto, hasta más. Para ello se te ha preparado todo este tiempo.
Ahora es el tiempo en que el tiempo es ahora.
Eres portadora de la energía clave, activadora de la llave, para que avancen por el cañón. Tu labor has sido custodiar la información más es el momento de abrir las puertas interiores, lo harás en tu terminación cósmica.
Confía, me encargaré que Tell Elam abra su mente y deje que su corazón lo guíe; la transformación será total, la nueva aurora dará comienzo al nuevo amanecer de Misión.
Tranquila, estoy con ustedes desde el Corazón del Corazón. Joaquín”
(Laguna de Huaypo, Maestro Joaquín, 03-08-2005)
Transcurrió el amanecer en una tranquilidad y llegó las 05:00 a.m.
Aurora, habiendo cumplido la guardia dijo -estoy agotada, voy a descansar-, no lo había previsto, solo respondí que estaba bien; yo seguiría, aún estaba oscuro, una vez más arreglé la fogata, di una vuelta al campamento linterna en mano y me puse a contemplar la llama.
En ese momento vino a mi mente los encargos de los hermanos, que por cierto eran muchos; estaba con predisposición de cumplirlas, el momento era oportuno, estaba solo y había paz y tranquilidad y en donde se puede hacer y desear; entonces deseé lo mejor, uno por uno iba cumpliendo los encargos, hablándoles concentradamente a los Guías, a los Maestros de la Hermandad Blanca, a la Madre Naturaleza y a Dios, para que todos estos pedidos se cumplan en cada uno de los hermanos; esto me llevó buen tiempo, el horizonte se despuntaba lentamente, contemplé la constelación de Orión de nuevo, la luna estaba casi llena y por ocultarse.
Sin haberme propuesto empecé a cuestionarme, a desnudar mi alma.
¿Qué hacía solo allí, sentado esperando qué?
¿Cómo estará mi hijo, por que lo dejé para no encontrar nada?
Todo ha sido bueno hasta aquí, pero ¿para qué?
¿Cómo debo inspirarme? ¿Cómo comprender todo esto en su real dimensión?
Sí, estoy en representación de la Misión y de la humanidad, pero ¿cuál es el mensaje que debo llevar del Paititi?
Recordé la voz sin voz: “EL RETIRO INTERIOR ESTÁ DENTRO DE VOSOTROS”, si este es el mensaje, tal vez no alcanzo a comprender su profundidad –pensé-.
Habían pasado 16 años y viajé para recordar sólo esto, me cuestionaba, luchaba conmigo mismo sin tener respuesta. Cuando me llegó la misma claridad que la de 1989.
Si en una de mis vidas pasadas estuve por aquí, ¿Cómo es que no lo recuerdo? Yo me vi siendo un bebé en Pusharo.
¿Estaremos en lugar correcto? o ¿es que debí aventurarme a más, aunque solo?
¿Dónde está el Disco Xolar? Hermanos, maestros de la Hermandad Blanca ¿dónde está el Disco? ¿Dónde? ¿No es que debíamos activarlo? Si nada de esto se da ¿cuál será mi labor a partir de aquí? Por favor, digan algo, aquí están cinco antenas que pueden recibir comunicación, ¿o es que acaso, sólo en la ciudad se reciben?
Muéstrense por favor, nosotros lo hemos dado todo, hasta el último sudor, ¿para qué? ¿para regresar con las manos vacías?
Yo me niego a regresar así, tiene que haber algo que justifique todo el esfuerzo de los grupos, ¿o es que acaso soy un torpe que no puedo interpretar toda la vivencia?
Vino un silencio profundo, no tuve ninguna respuesta, y lloré como un niño sin consuelo. Así llegó las 06:00 a.m., la claridad se hacía presente y también me llegó la calma, me levanté y me fui al río a lavarme la cara, para que no se dieran cuenta los hermanos cuando se levanten.
Al estar regresando, Sixto salía de la carpa; le saludé como de costumbre y él me preguntó.
¿Tienes papel y lapicero?
Al instante le alcancé mi libretita y lapicero.
Sixto se sentó en el mismo lugar que estuve cuestionándome y se puso a escribir.
Sabía que estaba recibiendo comunicación y me puse a apoyarlo, los demás hermanos también salieron y al ver nuestra actitud apoyaron también.
Cuando terminó, arrancó las hojas y se las guardó, al estar los siete juntos, tomando nuestro kiwigen calientito, comentábamos nuestras experiencias durante la noche; tenía al parecer poco en relación a los demás hermanos.
Sixto nos contó su sueño, con Valentín y Lorena que estaban en Pusharo, apareció el AM – ON y a las 08:00 a.m. leyó la comunicación:
“Amados hijos de la luz, habéis llegado hasta aquí venciendo vuestros miedos y aparentes limitaciones. Os habéis dado cuenta que hasta el clima os ha obedecido porque entrasteis en el lugar donde se puede hacer y desear. La puerta la abrió vuestro corazón y el de vuestros compañeros con la voluntad del sacrificio.
El poeta es aquel que abre puertas, tiende puentes y enlaza dimensiones donde los demás sólo ven irrealidad. El poeta es un romántico que todo lo da por amor, que siente y habla con el lenguaje del corazón desnudando su alma. El no necesita comprender las cosas, le basta con sentirlas y poderlas amar.
Ustedes supieron dar y realizar ese acto de amor y de entrega incondicional por la humanidad y por la misión que se les encomendó, para que todos vean más lejos como el poder del amor, de la unidad y la integración que todo se puede superar, y también alcanzar.
Como ya se han dado cuenta, han estado siendo evaluados todo el tiempo, tanto ustedes como aquellos siete que quedaron en Pusharo, y las señales que se han dado para quien han sabido verlas, estaban dirigidas a hacerles ver que cada vez estaban más cerca de alcanzar el Paititi interior, donde se puede vibrar en sintonía con el universo y el Real Tiempo.
Ustedes tendrán que trabajar la vibración que es clave activadora y removedora de los discos así como de las conciencias con esfuerzo y sensibilidad. Ahora lo pondrán en práctica y abrirán los portales, porque nada les será imposible. Están en el lugar correcto, el resto es estar en la actitud adecuada.
Como se han dado cuenta han llegado a verificar muchas visiones y percepciones anteriores. Este viaje era parte de vuestras vidas, estaba dispuesto así. Han concretado un esfuerzo conjunto que no quedará sin traer trascendentales consecuencias positivas para todo y para todos. Proyéctense al regresar al mundo, no se limiten. Lo que habrán de compartir sonará como un campanazo en cuantos os escuchen.
Nosotros no les diremos nada más, son ustedes los que verán más allá cuando activen el Gran Disco Solar de Paititi, el que debe vibrar primero desde vuestro corazón. Allí verán quién es quién en ésta gran aventura espiritual y de evolución planetaria. Sentirán y verán lo que supone el Gran Parto y la Sincronización de los Tiempos. Y verán lo que nunca antes se mostró, comprendiendo por ello por qué debían llegar hasta aquí de la forma que lo han hecho, con el apoyo de todos.
Están muy cerca de la montaña y en el camino se les ha dejado ver la realidad y contundencia de vuestro avance. Pero el lugar aún ha de permanecer cerrado físicamente a los ojos del mundo por el peligro que supone la ambición y el egoísmo.
Habrán su corazón, su mente y espíritu aún más para que puedan entrar en la puerta que ya abrió la solidaridad y compasión, la hermandad y la integración. Vuestra tarea realmente empieza hoy, al igual que el mayor esfuerzo que ya no es físico, sino mental y espiritual, dar más de lo que uno podría imaginarse. Vénzanse y vean más allá con los ojos de lo interno, entonces verán la ciudad, nos verán a nosotros y verán la misión que tienen entre manos, así como lo que sigue a continuación.
Vuestros compañeros en Pusharo os necesitan, salgan mañana sin falta de regreso antes de las 6.33 a.m. Pero indefectiblemente háganlo, y verán que todo se les abrirá de dentro hacia fuera, de tal manera que el regreso no será lo mismo ni en tiempo ni en distancia.
Ahora serán depositarios en vuestras mentes y corazones de los Archivos de la Hermandad Blanca, los cuales significan pesadas cadenas que hemos venido arrastrando nosotros, no para que seáis prisioneros de ellas ni mantengáis prisiones ni prisioneros, sino para que con la llegada del tiempo nuevo liberéis con el amor y por el amor la esperanza a todos y a todo, porque el amor que hemos aprendido de la humanidad de la Tierra, redime.
Con ustedes siempre en el Paititi y en vuestros corazones. Joaquín”.
(Maestro Joaquín, 17-08-2005)
“Sí somos vuestros hermanos guías en Misión.
Estáis coronando con éxito una aventura espiritual y material que ha templado vuestra naturaleza humana, probando vuestra constancia y continuidad. Ahora os pedimos que estén atentos. A las 11:00 trabajarán entre las dos piedras que marcan la entrada al recinto del “Corazón del corazón”. Sí, ese es el nombre que la Hermandad Blanca y la Confederación de Mundos, así como todos los planetas que han intervenido en el Plan Cósmico le hemos dado al Gran Disco de oro alquímico de Paititi, porque funciona como un corazón expandiéndose y contrayéndose según la vibración, y también actúa como un lente y a la vez como un espejo dimensional. En algunos momentos refracta y en otros refleja. En él están grabados muchos pequeños corazones con rostros que representan emociones diversas. Alrededor de su centro estuvieron alguna vez adosados los doce discos menores, hoy esparcidos por el mundo.
Ya se habrán dado cuenta de la similitud de ciertos elementos como las dos grandes piedras de la cascada y los símbolos de la ruta con los que hallaron hace unos años en vuestra expedición al Río Plátano en la Mosquita (Walpulbansirpi, Honduras), camino a la Ciudad Blanca. Esto no es casualidad.
En cada lugar donde hay un disco hay detalles o elementos similares a los que han encontrado en éste camino, por ello estén atentos a estos elementos.
Ahora ya conocen que el corazón del corazón debe latir fuerte para lograr la resonancia con todo y con todos. La activación conciente del gran disco facilitará el alineamiento general de los demás discos en todo el mundo, tanto del que esta en el Gobi, como el de Egipto, el de España, el de Inglaterra, el de Cambodia y el resto que se encuentran en toda América, incluyendo el Caribe.
Sabrán con seguridad donde esta cada disco y el lugar real cuando vean repetirse los elementos simbólicos que encontraron en la ruta.
Prepárense ahora para cruzar el tercer cañón, que es el más peligroso y difícil, el de vuestro interior y enfrentar con conocimiento de causa todo lo que han descubierto y vislumbrado de ustedes mismos, y que requiere un cambio profundo, para que entonces puedan llevar con ustedes y sobre ustedes los conocimientos del Plan que les removerá hasta los cimientos.
Ahora vayan a las once entre las dos grandes piedras que marcan el portal, allí abrirán y entrarán a otra realidad. Con amor Sampiac”.
(Guía Sampiac, 17-08-2005)
Cada palabra, cada frase era una respuesta a las interrogantes que había planteado, uno por uno mis cuestionamientos habían sido contestados con claridad asombrosa y con una contundencia tal, que me derrumbó y no pude aguantar de confesar ante mis hermanos presentes lo que me había pasado entre 05:00 a 06:00 a.m. Lloré abiertamente de contento, pues había sido escuchado íntegramente.
Maribel me consoló, repitiendo lo que estaba escrito desde la imprenta en la pasta de mi libreta. Mira Pancho, la comunicación se recibió en tu libreta y dice ¡… no puedo vivir sin oír tu voz!
A partir de ese momento se desató todo la interpretación del viaje, a esa hora del día 17 de agosto, recién acepté regresar, tal cual señalaba la comunicación, pues se había aclarado mi mente, había paz en mi conciencia, todo tenía sentido, todo, sólo faltaba comprenderlo.
Entre muchas cosas compartidas, Sixto dijo que debíamos darle un nombre al segundo cañón, y Roy acertadamente lo bautizó “El cañón del Temple”, puesto que con arrojo, coraje, audacia y decisión supimos imponernos a nosotros mismos.
De nuevo guié al grupo hacia las dos piedras para realizar nuestro trabajo de activación del Disco Xolar del Paititi, llegando antes de las 11:00 a.m. habíamos entrenado en su tonalidad el AM en la nota Mi y el ON en la nota Si.
Nos encontrábamos 6 con la terminación cósmica AM, y 1 con la terminación cósmica ON (Aurora).
Al llegar, las piedras tenían ahora otro significado; la primera vez habíamos llegado impulsados por una fuerza superior, la segunda vez lo habíamos disfrutado y ahora en la tercera parecía que nos estaban esperando; el espacio entre ambas piedras alcanzó para los siete, para la ceremonia las chicas se ubicaron delante nuestro, con las palmas de la mano hacia la montaña empezamos la vocalización, cada vez más armónico, que elevó nuestra vibración.
Vi nuevamente la cascada y el túnel lleno de agua y apareció el Disco Xolar en forma de corazón que latía por efecto de la vibración de miles y miles de corazones que llegaban de todo el mundo; entre ellos estaba el mío y estaban conectados a través del sonido, mi corazón activaba al Disco Xolar, el Disco Xolar activaba al mío, había una conexión inseparable.
Al compartir la experiencia, la de Carlos coincidía con la mía.
Estuvimos contentos, ahora nos tocaba esperar a las 11 de la noche para repetirlo. El día teníamos que emplearlo en descansar, ya que nos esperaba unas largas jornadas a partir del día siguiente.
A las 01:20 p.m. fuimos con Roy nuevamente hasta el lugar donde habíamos llegado el día anterior, para poder recorrer un poco más el curso de Shinkebeni, pues en la meditación vi varias personas más arriba en el río, llegado al lugar calculé que en tres días más, podríamos llegar al naciente del Shinkebeni por donde habían llegado Choque Auqui y sus acompañantes; en la piedra gris meditamos, hablando a los Maestros, que ahora tenía seguridad que nos estaban escuchando.
A partir de aquí empecé a escuchar unos mantrams hermosos a lo lejos, las voces eran de mujeres, esto duró hasta la noche.
Con Aurora nos tocaba la primera guardia, debiendo despertar al grupo a las 10:00 p.m. dado que la distancia a las dos piedras era considerable; las linternas en nuestras cabezas en su máxima potencia nos alumbraban, pero la selva de noche es otra cosa, orientándonos por nuestros rastros que habíamos dejado en el día, tenía que caminar agachado, empleando toda la concentración para no dar paso en falso; al llegar, unos ojos amarillos y brillantes nos miraba fijamente de cerca, hice una respiración, la retuve y al exhalar le ordené mentalmente que se fuera, pues sólo cumplíamos nuestra misión; el gran animal de un salto dio media vuelta y se fue para el fondo; no tendría que decirles nada a las hermanas, no tenían que desarmonizarse y callé, pero estuve atento a todo movimiento, redoblando la protección al grupo.
Al parecer este animal era temido en ese lugar, pues en su huída despertó a toda la fauna, hasta los sapos en el agua croaban fuerte, asustando a las chicas; eran las 10:57 p.m. y en idéntica posición al de la mañana, trabajamos.
La asechanza estuvo presente, pues el trabajo que realizamos era muy importante. Fue acertada mi decisión de callar sobre lo del animal, pues a mi me afectó en la concentración, era mi responsabilidad si nos sucediera algo malo.
La energía era intensa y cuando terminamos el ruido de un avión que cruzaba por sobre nosotros hizo que tuviéramos mayor cuidado al regresar.
Sentí satisfacción de estar allí para servir en algo, en el campamento estuvimos de regreso con el deber cumplido; habíamos tenido tantas emociones –para mí sublimes- y contentos nos fuimos a dormir.
18-08-2005
A las 04:00 a.m. Maribel y Sixto nos despertaron a todos para tener el tiempo suficiente para alistarnos. Aurora al levantarse nos dijo que acababa de soñar con el guía Antarel, que le decía que debemos partir de inmediato. Entonces nos apuramos en levantar el campamento, realizando luego nuestra ceremonia de despedida.
Fui a despedirme de la Montaña, Aurora ya lo estaba haciendo y ambos vimos una esfera que salió de lo que venía a ser el ojo del rostro de la montaña y se elevó.
Nos habían dado la bienvenida y ahora nos despedían.
Solo con una barrita energética de desayuno a las 05:33 a.m. alzamos nuestras mochilas al hombro y cual viejos caminantes empezamos el regreso río abajo, lo más rápido que podíamos; nos habíamos planteado dejar atrás al Cañón del Temple ese día.
Buscaba las señales que había dejado y estas no aparecían, era increíble que hubiéramos avanzado por allí; el lugar me parecía distinto, difícil; ahí llegó a mi mente algo que había aprendido en mi juventud.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más
Caminante no hay camino
se hace camino al andar
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
No recuerdo el nombre del autor, pero habrá tenido que estar en una situación similar para inspirarse, tuve que olvidarme de las señales y buscar por donde podríamos regresar, el grupo confiaba en lo que podía hacer.
Me subí a una piedra grande para divisar mejor el lugar, entonces avisté a lo lejos a dos personas, levanté los brazos agitándolos para que me vean; estaban ocupados.
Di media vuelta para avisar a los hermanos pero no me entendían; el río sonaba fuerte, eran las 10:00 a.m. eran nuestros protectores físicos, los machiguengas, Miguel, Roberto, Pancho y el joven Aníbal. Que alivio sentimos, el solo hecho de verlos nos había cambiado el ánimo, pues ya estábamos cansados después de cuatro horas y media de caminata.
Es la mente que nos lleva a ese estado de ánimo, ahora confiábamos en los machiguengas, estábamos seguros y nos parecía fácil el retorno, los encontramos en el mismo lugar donde habíamos establecido el “Pantiacolla II” pescando en cantidad, porque ese es su trabajo, ellos tienen que llevar el alimento a sus hogares.
Nos contaron que al encontrar la cantimplora de Roy habían creído que habíamos sido devorados por los otorongos; seguramente vieron la sangre regada sobre las piedras –pensé-.
Nos dijeron que de allí pensaban regresarse con su carga, pues no debían dejarla a expensas de los carnívoros de la selva para seguir buscándonos.
Más abajo construyeron una balsa y nos entregaron un cayado de madera muy dura a cada uno, era lo que necesitábamos, pues nuestros cuerpos estaban maltrechos y Aurora se había torcido una rodilla.
Guiados por los machiguengas pudimos dejar el Cañón del Temple, ellos nos aseguraban que llegaríamos a Pusharo ese día, pero tarde ya, nos detuvimos en un lugar de una hermosura extrema; establecimos el campamento “Pantiacolla IV”, esa noche no hicimos guardia y todos dormimos más de 11 horas.
19-08-2005
Los pájaros invisibles cantaron y su mensaje me decía: Cuidado, cuidado, cuidado; Cuidado, cuidado, cuidado; Cuidado, cuidado, cuidado. En la selva hay que tomar todas las precauciones; Pasando lo que sería La Base Azul, vimos una sachavaca, Isabel le habló diciéndole que se escondiera rápido, pero los machiguengas ya los habían visto también y no dejaron escapar a su presa.
Ahora cruzábamos el Mecanto de dos en dos en la balsa; llegando a Pusharo sobre el medio día; nuestros hermanos nos abrazaron con brazos y corazones, estábamos juntos de nuevo los catorce, sanos y salvos. Habíamos logrado el encargo de los mayores.
Deseaba pernoctar en Pusharo, estábamos agotados, pero proseguimos el retorno, lleno de nostalgia al dejar a Pusharo, a mi lado regresaba Rafael y Miguel a quienes les hice el primer informe del Paititi, esto me hizo olvidar del cansancio, estando ya oscuro llegamos a Aguaroa, y Patries con todo su amor nos alimentó especialmente a los siete.
20-08-2005
Desde Aguaroa caminamos por trocha hasta Palotoa-Teparo, y los pájaros invisibles nos despedían: Chau, chau, chau; Chau, chau, chau; Chau, chau, chau, ese mismo día proseguimos el regreso en lancha, muchas veces empujándola hasta llegar al Embarcadero 250.
Estábamos hambrientos, el esfuerzo había sido demasiado duro y el instinto nos llevó directamente a la primera bodega que encontramos.
Al estar devorando las galletas junto a Juani, me di cuenta que mi hermana de muchas batallas estaba llorando, preocupado le pregunté que le pasaba. Su respuesta detuvo a mi mandíbula, pues a su mente había llegado la imagen de los hambrientos seres humanos del África, que no tienen que comer; mientras nosotros saciábamos al hambre feroz.
En una camioneta de carga llegamos a Atalaya a las 10:00 p.m. a dormir, totalmente rendidos, pero felices.
21-08-2005
Como no llegaba el bus contratado, aprovechamos el día para compartir nuestras experiencias, las comunicaciones y la ceremonia de entrega de presentes traídos desde el Paititi, fue hermoso. Todo obedecía al Plan Mayor.
Primero:
“… Por ello 14 personas acompañarán el viaje hasta la puerta del Paititi, pero sólo 7 de ellas CRUZARAN el Mecanto, cuatro hombres y tres mujeres y llegarán guiados por la “Dama de Luz” hasta donde deben llegar…” (Oxalc, 31-05-2005)
“…Dos veces siete personas, número de compromiso y perfección; unos llegarán y abrirán un espejo interdimensional y otros CRUZARAN el umbral secreto hasta que sus pasos se detengan delante de lo que le aguarda a la Misión a través de ustedes…” (Sampiac, 13-05-2005)
Estas y otras comunicaciones señalan “CRUZARAN el Mecanto”; nosotros, dadas las circunstancias lo SORTEAMOS, o sea lo evitamos cruzar. Esto nos estaría diciendo que nosotros (los humanos) en nuestro camino espiritual, al primer escollo siempre tratamos de evitarlo, pero de algún modo siempre avanzamos, tal vez con más dificultad que si lo hubiéramos cruzado por donde estaba indicado
Más adelante nos encontramos con un segundo “cañón” más largo y difícil que el primero; a este ya no lo puedes evitar, es aquí donde pruebas tu temple espiritual, hasta lograr salir victorioso.
Cuando hayas cruzado al segundo “cañón” o “El cañón del Temple”, comenzarás a prepararte para cruzar el tercer “cañón”, que es el más peligroso y difícil, ese cañón es el de nuestro interior; tendremos que enfrentar con conocimiento de causa a todo aquello que ya lo conocemos, los egos.
“Recién entonces alcanzaremos el Paititi interior, donde se puede vibrar en sintonía con el universo y el Real Tiempo; nuestra tarea realmente recién empieza, al igual que el mayor esfuerzo que ya no es físico, sino mental y espiritual; dar más de lo que uno podría imaginarse.
Tendremos que vencernos a nosotros mismos y ver más allá con los ojos de nuestro interior, entonces veremos la Ciudad (retiro interior), veremos a los Maestros de la Hermandad Blanca y veremos la misión que tenemos cada uno y también lo que sigue a continuación” (Palabras del Maestro Joaquín).
Antes de ingresar al retiro interior, tenemos que cruzar tres “cañones”, las dos primeras están ya cruzadas, preparémonos todos a cruzar el tercero.
Segundo:
Inicialmente estaba previsto, que de los siete que cruzarían el Mecanto, seis de ellos tenían la terminación AM, y un hermano la terminación AI.
Pero los “hilos invisibles” se movieron.
Con mi incorporación éramos siete hermanos con la terminación AM.
Pero al final llegamos al Paititi, seis con la terminación AM y uno con la terminación ON. Y esta fue la clave AM – ON.
“… Sobre la consulta que nos han hecho sobre la tonalidad con la que deberán cantar en la piedra de Pusharo y en los otros lugares donde habrán de trabajar en el próximo viaje, les decimos que la clave está en las terminaciones de vuestros nombres cósmicos y en el simbolismo del canto de los pájaros invisibles, aquellos que están pero no se ven con los ojos físicos y que hacen de puente entre el cielo y la tierra. Cuando estén en el lugar escuchen, incluso en vuestros sueños escuchen, imiten y luego canten…”
(Laguna de Huaypo, Oxalc, 04-08-2005)
Todo obedecía al gran plan.
Tercero:
Había pedido que en sueños las jerarquías superiores me dieran entendimiento, me develaran algún misterio respecto a lo que estábamos viviendo en el Paititi, esto había llegado y mi interpretación sería:
Llegaba al Paititi 16 años después de haberlo intentado, un 16 de agosto de 2005; soñaba esto el 17 de Agosto a las 01:00 a.m.
Permaneceríamos en el Paititi 2 días (16 y 17), 2 veces 8 suman 16, el primer 8 corresponde a la Madre Tierra y el segundo 8 al octavo mes de año, 2 veces 16 suman 14
8+8 = 16 1+6 = 7 los siete de Pusharo
16 años 1+6 = 7 los siete del Paititi
14
17 de agosto suma 16; 1+7+8 = 16, 1+6 = 7 y 17+16 = 33
Encontramos
entonces las claves 2, 7, 8, 14, 16, 17 y 33, al revisar el
significado de estas claves es asombroso como todo encaja.
“…Fueron reunidos a compartir una experiencia que enriquece a la Misión en información. Sepan valorar el contenido de la misma, pues la clave del nuevo tiempo viene marcada por el número 3333. El cual es un código matemático, y del mismo se desprende el significado del 33, que es la Alianza Galáctica, que mantiene la Confederación para con la Merla (Tierra); para ayudarla en su transición dimensional evolutiva.
El número 33 representa la madurez del hombre espiritual en un compromiso responsable y voluntario por la salvación de su humanidad, a través de la entrega total en el servicio desinteresado y consciente. El 33 es la clave numérica del sello de la estrella y la cruz interior. Es la estrella conformada por los triángulos que se cruzan; es el ascenso mediante el despertar.” (Sampiac, 24-12-1986)
Cuarto:
Los siete de Pusharo habían acordado conectarse cada uno con un hermano del Paititi y a Patric le correspondió conectarse conmigo.
Coincidentemente, cuando llegamos al Paititi nosotros tuvimos la misma idea de conectarnos con un hermano del Pusharo y a mi me asignaron conectarme con Patries, así mismo deberíamos llevar un presente del mismo Paititi para entregárselos en una ceremonia.
Ahora, todos los que han leído el informe de Patries habrán deducido que con ella estábamos conectados; ella veía todo lo que me pasaba y yo le veía a ella sonriente.
El 17 de agosto por la mañana, ella en Pusharo visualizó que me encontraba en la Base Azul (preocupados por nosotros habían decidido cantar nuestros nombres cósmicos para hacernos regresar).
En el Muro ella vocalizaba mi nombre cósmico y visualizaba que la estaba llevando a la Base Azul; al llegar ve salas, corredores y a mi que me encuentro junto con los Guías y no quiero regresar, -dice ella- que me vio muy a gusto y era difícil sacarme de allí, estaba muy concentrado hablando con los Guías.
Claro, los Hermanos Mayores de seguro que estaban a mi lado, escuchando mis reclamos, y yo no quería regresar considerando que aún nos faltaba encontrar más.
Patric cuenta que se esforzaba para conseguir mi atención y que lo logra a través del AGUA que allí había, poniendo las manos para imitarle. Según Patric ese momento yo activo un recuerdo, al ver el agua del río.
-Sigue al río- me pide y visualiza al campamento para traernos de regreso.
Todo coincide exactamente con lo que estaba viviendo esa mañana; hasta el momento en que Sixto lee la comunicación, en el que tengo claro el mensaje de la voz sin voz “EL RETIRO INTERIOR ESTÁ EN VOSOTROS” y fue allí que acepté regresar.
Traje del Paititi para Patric no uno, sino dos recuerdos y cuando se los entregué en la ceremonia que hicimos para tal efecto en Atalaya, ella confirmó otra experiencia donde se le entregaba dos presentes y que muy emocionada la contó a todos.
Fueron hermosos momentos en Atalaya donde se complementó la información y los 14 vocalizamos nuestros nombres cósmicos; estábamos integrados para siempre.
Quinto:
En 1989 el mensaje que recibí fue: “EL RETIRO INTERIOR QUE ESTAIS BUSCANDO ESTA DENTRO DE VOSOTROS MISMOS”
Esta vez el mensaje era: “EL RETIRO INTERIOR ESTA DENTRO DE VOSOTROS”
“… En toda la ruta serán guiados, así como observados y repetirán sensaciones, emociones y vivencias de viajes anteriores, como si al final hubiese un solo gran viaje, dándole continuidad y vigencia…”
(Sampiac, 13-05-2005)
El tema Paititi es continuo y tendrá vigencia hasta que cada ser humano encuentre a su retiro interior, el Paititi está en el interior de cada uno. En el corazón de nuestro corazón.
"El viaje es al bello Paititi de tu corazón".
A nuestro Divino Padre-Madre no se le encuentra buscándolo en desiertos, remotas selvas o ruinas de otras culturas, en alturas o en otros lugares. El viaje es interior, personal e intransferible porque está
DENTRO DE NOSOTROS.
Los Guías del Universo mental sólo son un medio, no son un fin.
Hay que encontrar al Divino Padre-Madre;
Alfa y Omega de todo lo que existe, "en el universo Espiritual.”
(Un hermano salvadoreño)
Amados hermanos:
El viaje al Paititi sirvió para poder entender que el despertar consiste en hacer un viaje, difícil y sacrificado, hacia el corazón de nuestro misterio, el ser infinito y lleno de conocimiento que guardamos dentro de nosotros.
Con el amor que he empezado a despertar, vuestro hermano Francisco.
Muchas Gracias.